Todo en este libro tiene su encanto: su origen, su escritora, sus personajes, su contenido y final.  Diría incluso su extensión, porque apenas 70 páginas son suficientes para que la brillante escritora, Natalia Sanmartin Fenollera, nos regale un profundo cuento, encargado por una abadesa de Nuestra Señora de la Anunciación, una de las dos interesantes comunidades religiosas localizadas en Le Barroux, municipio francés en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul.

Es un libro para mayores que entenderán los niños.  Porque el niño del cuento es un símbolo de la edad o incluso de un estado vital, quizá ya preadolescente, caracterizado por una búsqueda con un punto cuestionador.  El libro cuenta la historia de un niño que ha perdido a su madre y que busca asidero experiencial de aquellas historias legendarias que ella le contaba, y, aunque en otro estrato más elevado, como delicadamente señala la autora, de las figuras de Dios, la Virgen y los santos.  Nuestro niño busca pruebas y experiencias donde a su edad sólo tendría que fiarse de señales como la de Jonás, aunque su abuela no se lo diga con tal claridad.   Si la aventura a la que se lanza el niño es maravillosa, no menos hondamente evocador es el motivo de la búsqueda: ha olvidado el bello rostro de su madre y,  ese segundo vacío, hiere todavía más su existencia.  Pero no es un dolor incapacitante o victimista: nuestro niño está dotado de la energía propia de su edad.   Y la autora nos muestra cómo la aventura que el niño empieza puede acabar en ventura, en un acontecimiento interior fundante, e incluso sugiere, ya con menor simbolismo, la metodología del cómo todos podemos favorecer el surgimiento de dicha experiencia.

De nuevo gracias a la escritora porque cumple las expectativas con creces, y nos ayuda con su precioso libro para Navidad y para siempre.

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