El pasado día 11 de enero se retomaron las clases del Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares después de las fiestas navideñas, con la sesión a cargo de D. Francisco Martínez, Director del Instituto, bajo el tema “La Eucaristía, el amor de Dios al hombre”. 

En su exposición, D. Francisco propuso una visión general de la Eucaristía desde una perspectiva eminentemente teológica y bíblica. “La Eucaristía -señaló- incluye en su identidad el mismo sacrificio de Cristo, como negación de sí y como muerte sustitutoria por nosotros, como algo que ha de ser activado, asumido y participado por todos y en todos los tiempos”, aunque reconoció que en la historia se ha producido, en ocasiones, una cierta deformación o insuficiencia de perspectiva, algo que ocurriría ya desde los tiempos iniciales del cristianismo (cf. Ga 2).  “La Eucaristía hace la Iglesia; y la Iglesia hace la Eucaristía”, recordó, y “las dos son el Cuerpo del Señor”.  

La esencia misma de la Eucaristía es la gratuidad y la comensalidad: “Lo que Cristo hizo en la cruz de forma cruenta, nosotros debemos hacerlo de forma simbolizadora, moral y existencial, pero lo mismo”, señaló D. Francisco. “Cena, cruz y Eucaristía son lo mismo”. Destacó el relevancia de la comensalidad en la Eucaristía. La comensalidad es algo genuinamente humano. Aunque la comida ha perdido y gran parte de su simbolismo debido a la velocidad en que estamos instalados. No obstante, la eucaristía materializa la solidaridad-gratuidad-donación-entrega-servicio, que procede del mismo Cristo y “que nos permite descifrar su qué y su por qué, aquello que se esconde detrás del hecho de la muerte en cruz”. 

La Eucaristía se configura así, señaló D. Francisco, como la actualización de la cruz como lealtad extrema y permanente. La vida de Jesús es un servicio, llevado hasta el extremo de dar la vida en la cruz. “Donde hay desamor, Él puso amor. Venció el mal asumiéndolo, apropiándoselo para matarlo en su carne. Lo que a nosotros nos atormenta y amarga, él lo asumió mediante una entrega libre y gozosa”. “La cruz verdadera de Cristo fue su vida cotidiana vivida en verdad y solidaridad entusiasmada”, explicó. 

En la segunda parte de su exposición se detuvo más específicamente en la Institución de la Cena, en los gestos y palabras de Jesús, con la finalidad de ahondar en el sentido profundo de la Eucaristía. Jesús hace de la Cena un memorial, que no agota su significación trasladándonos al pasado o trasladando el pasado a nuestro presente. “Es fundamentalmente -explicó- un hoy vivo que nos compromete por completo a nosotros junto con nuestros problemas y tensiones”. “Ahora nosotros, comensables y concorpóreos de Cristo, realizamos su misma acción profética para que los hombres de hoy, al vernos, entiendan y queden interpelados”. En este sesntido señaló D. Francisco que “celebrar hoy el memorial del Señor implica una actualización presencial de su gesto en nosotros que somos su cuerpo. Tenemos que incluir en él nuestros problemas viviéndolos en la más exigente fraternidad, al estilo de Jesús”. 

Finalmente, D. Francisco dedicó la última parte de su exposición señalando que, como nos enseña Pablo en Gal 2,1213), la Eucaristía es, en esencia, comunión, eliminación de diferencias, evitación de toda exclusión, aludiendo a la cuestión de la participación de los gentiles en la Cena del Señor en las primeras comunidades y el conflicto surgido entre Pedro y Pablo por esta razón. La Cena del Señor es “unidad fraternidad”, “comunión con Cristo” (1 Cor 11, 23). Mencionó, por último, el tratamiento en el Evangelio de Juan de la Eucaristía. Dos textos transmiten su admirable y peculiar visión de la Eucaristía: en el discurso sobre el pan de vida (capítulo 6) y el lavado de pies (capítulo 13). 

Concluyó D. Francisco su exposición, señalando que “a la luz de los textos aparece manifiesto que la Eucaristía es la institución de la nueva fraternidad. No es, sin más, la presencia de una cosa sagrada, sino el suceso de una profunda comunión. La Eucaristía no termina en los elementos de pan y vino, sino en la comunidad. Cada comunión renueva la encarnación. No se pueden separar comunión con Cristo y comunión eclesial. La Eucaristía no hace el cuerpo de Cristo, nos hace cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo no solo consagra los dones, sino también la asamblea reunida a la que incorpora a Cristo, como cuerpo místico suyo. Celebrar la Eucaristía es hacer de la propia existencia pan partido y compartido, sangre y vida derramada en favor de los demás”. 

La próxima sesión del curso tendrá lugar el próximo lunes, día 18 de enero, con el tema “Grandes testigos del amor hoy”, por D. José Alegre Aragüés. 

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