El pasado día 25 de enero tuvo lugar la primera sesión correspondiente al segundo ciclo de este curso del Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares, dedicado al “Misterio de Dios”, a cargo de D. Ernesto Brotóns Tena con el tema “Pensar y hablar a/de Dios en tiempos de crisis”. 

D. Ernesto Brotóns, Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón inició su exposición haciendo un planteamiento general de la cuestión, analizando el actual contexto de crisis que es, también, en cierta manera, una “crisis de Dios”, aludiendo a la famosa expresión de Metz. En un contexto como el actual, de crisis sanitaria, social, ecoómica, también nos preguntamos por Dios y en qué medida y desde qué perspectiva es plausible pensar y hablar de él. Es un contexto de grandes cambios, que transforma nuestra forma de vivir, de comprendernos a nosotros mismos, de comprender a Dios. “A veces pensamos que este mundo se nos escapa y vivimos a la intemperie”, señaló. “Pero, ¿qué es la fe si no vivir en la intemperie?”. Para Brotons, la pandemia ha reavivado la discusión ya existente sobre la significatividad y la utilidad de la religión: “Hasta qué punto la religión tiene sentido y puede ayudar en estos tiempos difíciles”. Parece, por las encuestas, que la desafección religiosa crece. Por otra parte, el debate sobre Dios es un debate, en última instancia, de teodicea: ¿dónde está Dios en medio del dolor y de todas las desgracias”. “Es una crisis -señaló- que nos recuerda nuestra fragilidad y el ciudado de la casa común”. Pero, como diría en su día el Padre Cantalamessa, “Dios es aliado nuestro y no verdugo”. 

Pero ¿dónde está Dios en medio de esta situación? “Y es que – explicó Brotons- a veces podemos tener la impresión de que Dios se ha vuelto extraño, desinteresado, tanto a nivel intelectual como en el plano práctico. Queda confinado a lo privado, a lo estético, la superfluo”. Existen nuevos ateísmos: un Dios amenaza para la vida, un Dios como ofensa a la inteligencia. A veces, esa imagen tan distorsionada que los medios de comunicación trasladan de Dios. Incluso, a veces se le sienta en el banquillo. Pero otros autores, señalan que, en realidad, no es que la religión haya desaparecido, sino que su presencia ha cambiado: en forma de fundamentalismos (“la revancha de Dios”) o de nuevos fenómenos de culto (como el mindfulness, el new age,…). Esa “religión invisible” se circunscribe al ámbito de lo ecléctico, de lo privado. Una religión a la carta, apartada de las instituciones. Para estos autores, el gran reto de la religión cristiana, no es tanto la secularización, sino el pluralismo. Queda para el debate si este resurgir es un rumor de transcendencia sino la culminación de la crisis religiosa, una religión burguesa sin Dios (Metz), “un olvido de Dios con tintes religiosos”. Pero, para otros muchos, el problema en torno a Dios no es el ateísmo sino la idolatría. La crisis de Dios es una auténtica provocación.

“Pero -reflexionó el ponente- debemos preguntarnos si la actual situación no es una consecuencia del modo que hemos pensado y hablado de Dios. Esta sociedad ha perdido esa gramática de la fe, y volver a educar la mirada. No hemos permitido a Dios ser Dios y reducimos a Dios a nuestra imagen y semejanza. Nuestro discurso de Dios no ha sido inocente, se ha desacreditado a la humana, se han forzado conciencias, se han justificado violencias… Incluso hablamos de Dios con una sorprenderte seguridad. Puede pasarnos como la gente de Nazaret: “pero si este es hijo de José…” Ya no nos sobrecogemos cuando hablamos de la encarnación. Un misterio de Dios que da la vida en la cruz. Nos acostumbramos a ello”. Porque “de un Dios instrumentalizado a un Dios negado sólo hay un paso”. “A Dios se le invoca en vocativo. Hablarle en tercera persona oculta a Dios incluso al que habla. Las palabras vivan siempre nacen de la experiencia. De la necesidad de una pastoral que facilite el encuentro con él. Educar la mirada y la escucha. El creyente y la comunidad creyente no sólo habla de Dios sino que escucha primero, calla y luego le ama. El principio es, en este sentido, la condición orante para la escucha y al final como adoración ante la desmesura del don. No es a causa de sus dones por los que me acuerdo de Dios sino porque él es la esencia misma de la vida”. El creyente pregunta directamente a Dios quién eres, y se deja preguntar por Dios “¿dónde está tu hermano?”. 

Por eso, señaló Brotons, “es necesario revisar nuestro discurso sobre Dios. Lo exige una humanidad que necesita una palabra bendita (esto es, “bien dicha”). Pero de qué Dios hablamos, no debemos caer en la idolatría. Este Dios nos sale al encuentro. Jesús, Palabra Encarnada, Dios, encarnado, “dice, se dice y nos dice”. Se revela en la persona de Jesús. “Ahí descubrimos quién es Dios y dónde puede ser encontrado”. “Aquí es donde Dios rompe nuestros esquema”. El Verbo De Dios, decían los padres, se ha abreviado. “El que es siempre mayor, se ha hecho pequeño”. “Desde la cruz, desde donde Jesús, conducido por el Espíritu, encarna ese compromiso amoroso de Dios”. Encarna el Reino, don gratuito y fraterno. Lo buscamos en lo grande y sale a nuestro encuentro en lo humano. Solo cuando somos capaces de descubrir, valorar, acoger la humildad con la que Dios sale a nuestro encuentro, nos encontramos con él. 

“Hecho histórico y presencia viva y perenne en la Iglesia, constituyen para la teología el punto de partida y la norma de referencia. Por eso hablamos de Dios como sujeto de la teología. Para ser en cierta manera discurso «de Dios», y no sólo «sobre Dios». Nos interesa cuando va unido al valor de lo humano. Dios se releva y salva, no a pesar de la humanidad de Jesús, sino en la humanidad de Jesús. “Pero eso, no podemos hablar de Dios y del hombre como si fueran dos cosas que no tienen nada que ver, sino que ambos misterios se complementan”.

Por eso, “los hombres de nuestro tiempo no tenemos porqué negar a Dios. No tienen sentido debates esencialmente dualistas: “gracia o libertad”,”Dios o el hombre”,… Nadie ha hecho más por el ser humano sino Dios. Dios es nuestra mejor posibilidad. Dios, no como modelo, sino principio de la actividad humana. Frente a la dictadura del monoteísmo del yo, la Trinidad, amor recíproco que se constituye en un verdadero signo y provocación en el contexto actual. Preguntarnos por Dios no es sólo cuestión teórica sino de praxis, se trata de “practicar a Dios” (Gutiérrez). La verdad que buscamos no es una mera idea o concepto, tiene rostro. Él es quien sale a nuestro encuentro”. 

El ponente concluyó: “La teología es una palabra creyente y razonable sobre Dios, desde Dios y para Dios. Es una verdadera diaconía. Nace y se ejerce en medio de la vida, en la comunidad creyente. No sentada, sino arrodillada. En cierto modo, la teología es una especie de sacerdocio que habla a Dios de los hombres y hablar de Dios a los hombres. La teología nace de la escucha, de ese discurso de Dios por el que pedimos que nos muestre su rostro. Nace del amor a Dios y nace del amor a los hombres. Como les dijo el Papa Francisco a los estudiantes de teología en Jerusalén, a los teólogos se les pide ser testigos de la importancia de Dios en la vida y la plenitud en nuestra vida. El Papa nos pide que los teólogos y estudiantes seamos una especia de «laboratorio». Pensar la fe es una auténtica al servicio de la sociedad y la fraternidad. Memoria, palabra, profecía. La teología debe estar entrañada de misericordia para lograr una Iglesia llamada a ser “hospital de campaña”. 

El próximo lunes, 1 de febrero, tendrá lugar la siguiente sesión del curso, con el tema “Dios, misterio y presencia”, a cargo de D. Pedro Fraile Yécora. 

Programa e inscripciones en el Curso 2020/2021, pulse aquí.

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