El Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares (ITDS) inicio un nuevo seminario, en el marco de su curso anual, con el tema «En torno al Jubileo 2025: «La esperanza no defrauda», que se dilatará por tres semanas. El citado seminario se inició con la intervención del Padre Laurentino Novoa, con su ponencia dedicada al título «La Iglesia, fuente de esperanza para el mundo», el pasado 24 de marzo. 
El Padre Laurentino Navoa, doctor en teología, pasionista, profundizó en la dimensión humana y teológica de la esperanza, tomando como punto de partida la bula de convocatoria del año jubilar 2025 del Papa Francisco.
El Padre Laurentino expresó su agradecimiento y su conexión histórica con el Centro Berit y el Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares: «La verdad es que vengo muy a gusto aquí al Centro [Berit] y casi me han salido las canas a mí viniendo aquí porque comenzamos haciendo las tutorías en teología a distancia, en fin, eh hace muchos años ya, ¿verdad? Y luego, bueno, pues aquí en el curso de de teología para seglares, pues también he colaborado algunas veces con don Francisco, al que me unía realmente una verdadera amistad y un aprecio personal».
En su exposición, el Padre Laurentino explicó el significado del título de su charla, vinculándolo directamente con el mensaje del Papa Francisco para el año jubilar: «He titulado esta exposición «Esperanza que no defrauda». El cristiano testigo de la de la esperanza que no defrauda. Esta expresión de San Pablo la recogió el Papa Francisco para dar el título a la bula, convocatoria del año jubilar, de este año jubilar 2025 que estamos celebrando. El Papa quiso con ello expresar y transmitir que el mensaje central del año jubilar sea la esperanza, algo que era esencial en el contenido de las cartas de San Pablo».
El ponente resaltó la relevancia de la esperanza en los tiempos actuales: «No cabe duda que el tema de la esperanza es especialmente significativo y demandado en estos momentos de la historia en los que nos toca vivir tiempos convulsos y situaciones complicadas. a todos los niveles y en los que a veces las sombras del pesimismo y la falta de horizontes de esperanza se extienden por todas partes. Guerras que no cesan, bloques ideológicos irreconciliables, crisis de valores éticos, morales y religiosos, destrucción del medio ambiente, problemas migratorios, etcétera.». También señaló la crisis de esperanza a nivel eclesial: «Vivimos rodeados de muchas preocupaciones a nivel social, pero también a nivel eclesial existen muchos y oscuros nublados en el horizonte. Falta de credibilidad, iglesias semivacías, falta de vocaciones, jóvenes alejados, bloques ideológicos enfrentados, divisiones intraeclesiales, confusionismo, etcétera. Todo hace pensar que tanto en la sociedad como en la iglesia estamos viviendo una profunda crisis en la que parece predominar la desesperanza y la oscuridad sobre la esperanza y la luz. Por eso es muy acertado que el Papa Francisco haya querido que este año jubilar tenga como lema o idea fuerza la esperanza que no defrauda y animar a la Iglesia a que sea fuente de esperanza para el mundo y a los cristianos que sean testigos de la esperanza, que seamos testigos de la esperanza».
Padre Laurentino Navoa: «Es muy acertado que el Papa Francisco haya querido que este año jubilar tenga como lema o idea fuerza la esperanza que no defrauda y animar a la Iglesia a que sea fuente de esperanza para el mundo y a los cristianos que sean testigos de la esperanza, que seamos testigos de la esperanza«
El Padre Laurentino distinguió entre la esperanza humana y la esperanza cristiana: «Se suele decir con razón que la esperanza pertenece a la misma esencia de la vida humana que desde su gestación en el seno materno está orientada al futuro, al crecimiento y a horizontes abiertos. Por tanto, la esperanza está intrínsecamente unida a la vida. De forma que podemos decir que no hay vida sin esperanza ni esperanza sin vida«. Sin embargo, añadió: «Pero la esperanza es también una virtud cristiana, es una de las tres virtudes teologales. que constituyen el fundamento de la vida cristiana y también la base de las demás virtudes, porque tienen como objeto directamente a Dios, en quien los cristianos creemos y esperamos y a quien amamos«.
«La esperanza está intrínsecamente unida a la vida. De forma que podemos decir que no hay vida sin esperanza ni esperanza sin vida».
Durante su exposición, el Padre Laurentino mencionó las reflexiones de filósofos como Ernst Bloch: «En su obra principal, la obra filosófica principal de Bloch, es precisamente «El principio esperanza», publicado en el año 1949. fe. En ella plantea el tema de la esperanza como la auténtica cuestión fundamental de la filosofía«. No obstante, señaló las limitaciones de una esperanza puramente humana: «El fracaso y el desencanto sufrido en muchos países donde se quiso imponer por la fuerza los sistemas inspirados en la utopía marxista y comunista son una prueba de que esta esperanza inspirada y fundamentada en los deseos y proyectos humanos lleva a desembocar en la frustración y en el desencanto«.
También abordó la perspectiva teológica, destacando la obra de Jürgen Moltmann: «A este reto planteado por la filosofía de Bloch y compartida por buena parte del pensamiento neomarxista, responde la obra del teólogo protestante alemán Jürgen Moltman, recientemente fallecido, falleció el año pasado en su obra «Teología de la Esperanza», una gran obra ciertamente en la historia de la teología moderna, publicada en el año 1966, teología de la esperanza, que no está concebida como una teología sectorial de la virtud de la esperanza, sino como una concepción global de todo el pensamiento cristiano a partir de la primacía de la escatología en el pensamiento y en la vida cristiana«.
El Padre Laurentino enfatizó la diferencia entre tener esperanzas y tener esperanza: «Decimos que la esperanza es consustancial a la persona humana. Por eso podemos decir que todos tienen esperanzas que mantienen viva a la persona en medio de las luchas y las dificultades de la vida. Las personas aspiramos a progresar, a adquirir seguridades, a conseguir metas, a terminar una carrera, a conseguir un buen trabajo, a crear una familia. En la vida de las personas hay esperanzas que se cumplen y esperanzas que se frustran. Podemos decir que es en sí es bueno y positivo tener esperanzas que mantienen vivas a las personas y pueden ser un motivo para ir descubriendo la verdadera esperanza. Pero tener esperanzas no es lo mismo que tener esperanza. Las esperanzas que acompañan nuestra vida terrena pueden estar orientadas, suelen estar orientadas y delimitadas al bienestar y a las satisfacción de nuestra vida terrena y son pasajeras y efímeras. En cambio, tener esperanza es tener una orientación en la vida que condiciona y marca toda nuestra existencia«.
Citó las palabras de Benedicto XVI en Spes Salvi: «A lo largo de toda la existencia el hombre tiene muchas esperanzas. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá y una esperanza que no se refiera a a mí personalmente ni siquiera es verdadera esperanza».  Y añade, ‘Los hombres necesitamos tener esperanzas más grandes o más pequeñas, que día a día nos mantengan en el camino, pero sin la gran esperanza que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan.’ Esta gran esperanza que sostiene la esperanza del hombre y que sería la que en definitiva da sentido a las esperanzas temporales que sostienen la vida de la persona humana, es sin duda ninguna Dios«.
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