En el marco de la celebración de la COP28, en Dubai y la reciente publicación de la exhortación «Laudate Deum», el Centro Berit organizó, el pasado día 29 de noviembre de 2023, un café-tertulia dedicado a la respuesta ante el cambio climático, con el título «Caminando hacia una ecología integral: de «Laudato si» a «Laudate Deum», a cargo del Delegado de Ecología Integral de la Archidiócesis de Zaragoza, D. Carlos Revuelto Gimeno.

A continuación se incluye un resumen no literal de su ponencia.

Ecología Integral es una denominación propuesta por el Papa Francisco, en su encíclica Laudato si’ haciendo relación entre el cuidado de la casa común y las condiciones en la vida de las personas, especialmente de los más vulnerables, entre el deterioro del planeta y la pobreza.

No se trata de una visión exclusivamente centrada en el cuidado de la naturaleza, sino que alcanza también a la conexión entre el cuidado del planeta y las condiciones de vida de los seres humanos.

Un poco de contexto

La casa común es nuestro planeta, el planeta Tierra. Desde el espacio, nos parece un horizonte infinito. Pero, en realidad, los recursos son finitos. Al día de hoy, incluso el planeta “se nos queda pequeño”. Esta visión nos ha conducido a descuidar el cuidado del planeta y exige un replanteamiento.

En realidad, el planeta Tierra es un planeta del sistema solar. Una estrella -mediana- entre las miles de millones que existen en la galaxia, una más del millón de galaxias existentes en el universo.

Vivimos en una “rara maravilla cósmica”, de la que no conocemos equivalente. Nuestra casa común es “única”, rodeada de vacío. “No hay alternativa”, no hay posibilidad de acudir a otros lugares en el caso de que el Planeta no resulte habitable.

En cuanto se refiere a la perspectiva del tiempo, la Tierra tiene una vida, aproximadamente, de unos 4.600 millones de años. Si todo ese tiempo lo contuviéramos en 24 horas, el ser humano moderno aparecería en los últimos cuatro segundos del día. Pongamos en comparación de la historia de “nuestra casa común” con nuestra propia historia humana.

Según el Centro de Resiliencia de Estocolmo, en su estudio sobre “los límites planetarios”, analiza las distintos extremos que afectan a la continuidad de la vida en el planeta. Hay extremos que sobrepasan los límites seguros. Más allá de estos límites, no conocemos las consecuencias.  Los científicos afirman que nunca deberíamos llegar a esos límites. Algunos científicos hablan ya, incluso, de la «sexta extinción».

En los años sesenta,  algunos científicos empezaron a advertirnos de este fenómeno. Aunque la primera vez fue en el año 1896, fue Rachel Carson, en su libro, «Primavera silenciosa», quién en los años sesenta advirtió de lo que podría ocurrir si con el uso de los pesticidas desaparecían los insectos (una «primavera silenciosa», en la que no escucharíamos ni el zumbido de los insectos ni el canto de los pájaros). En 1970, aparecen «los límites del crecimiento», por el Club de Roma, en el que se pone la atención sobre el crecimiento indefinido. Son los años en los que surge el movimiento ecologista. La sociedad, en general, ha ido reaccionando.

Y la Iglesia también lo ha hecho.  Ya Pablo VI, en 1972, en la primera Cumbre del Clima de Estocolmo, ya se dirige a los componentes de la Cumbre preguntándose si el hombre sabrá descubrir el camino del control de su crecimiento material: «Nuestra civilización, ¿sabrá descubrir a tiempo el camino del control e su crecimiento material, e su sabia moderación, de una pobreza real de espíritu para poner por obra urgentes e indispensables reconversiones?«.

Juan Pablo II, en 1985, en la encíclica «Solicitudo rei socialis» señaló que  «el hombre actual (…) ha llegado a ser a gran escala explotador de la naturaleza, tratándola no pocas veces e manera utilitaria, destruyendo así muchas de sus riquezas y atractivos y contaminando el ambiente neutral de su existencia terrena«.

Por su parte, Benedicto XVI, en «Verbum Domini» indicó que «como creyentes y anunciadores del Evangelio tenemos también una responsabilidad con respecto a la creación. La revelación, a a la vez que nos da a conocer el plan de Dios sobre el cosmos, no lleva también a denunciar las actitudes equivocadas del hombre cuando no reconoce todas las cosas como reflejo del Creador, sino como mera materia para manipularla sin escrúpulos«.

La encíclica «Laudato si'»

Sin embargo, el Papa Francisco ha dedicado un especial interés a la cuestión ecológica. En el año 2015 publica la encíclica «Laudato si'», dirigida a cada persona que habita el planeta, entrando en diálogo con todos, no solo con los creyentes, consciente de que es un problema que nos trasciende e implica a toda la humanidad. Habla del planeta como una «hermana»: «esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla» (LS 2).

La LS tiene dos puntos comunes: «todo está conectado» (LS 137), estamos incluidos en la naturaleza, como hilos de un tejido, lo que hacemos a la naturaleza acaba revirtiéndose, especialmente a los más vulnerables, «estamos incluidos en la naturaleza» (LS 139).

Y en segundo lugar, «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (LS 139).

La nueva exhortación Laudate Deum

El pasado 4 de octubre de 2023, el Papa Francisco ha publicado una nueva exhortación apostólica, «Laudate Deum», un documento con mayor urgencia. Si LS podría ser «un canto a la esperanza», LD aporta mayor urgencia a la reflexión: «han pasado ya ocho años desde que publicó la Carta encíclica Laudato si’, cuando quise compartir con todos ustedes, (…), mis más sentidas preocupaciones sobre el cuidado de la casa común«. Incluso dentro de la Iglesia, el Papa se encuentra con «opiniones despectivas y poco racionales». Al final del documento explica su propio título:» Alaben a Dios» es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo» (LD 73).

Desde la publicación de LS en 2015, dice el Papa, no tenemos reacciones suficientes a la crisis climática (cfr. LD 2), «el mundo que nos acoge se va desmoronando» (LD 2) y vemos cómo el impacto del cambio climático perjudicará las vidas y las familias de muchas personas (cfr. LD 2).

Los signos del cambio climático «están ahí»: fenómenos extremos, calor inusual, sequías (cfr. LD 5), grandes lluvias, aluviones (cfr. LD 5), inusual aceleración del calentamiento» (LD 6), aceleración del aumento de gases del efecto invernadero (cfr. LD 11).

El Papa nos advierte de los «negacionismos»: «en los últimos años no han faltado personas que pretendieron burlarse de esta constatación. Mencionan supuestos datos científicamente sólidos, como el hecho de que le planeta siempre tuvo y tendrá períodos de enfriamiento y de calentamiento. Olvidan mencionar otro dato relevante: que lo que estamos verificando ahora es una inusual aceleración del calentamiento, con una velocidad tal que basta una osl generación -no signos ni milenios- para constatarlo» (LD 6). «Terminemos de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, «verde», romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos. Aceptemos finalmente que se un problema humano y social en un variado arco de sentidos. Por eso se requiere un acompañamiento de todos» (LD 58).

Esta es la gráfica de la cantidad de concentración de CO2 en la atmósfera. Aunque siempre ha habido incrementos de concentración (datos desde hace 400 mil años), pero desde el año 1950 se ha producido una gran aceleración de la concentración. Este el origen del problema. Igual con la temperatura media (datos desde hace 12.000 años).

Dióxido de carbono atmosférico - Wikipedia, la enciclopedia libre

Esta «gran aceleración» es lo que constata que lo que estamos viviendo ahora es distinto de lo que se ha producido de forma natural a lo largo de la historia.

El Papa Francisco, en LD, incluye una reflexión sobre cómo hemos llegado a esto:

  • No se puede dudar del origen humano del cambio climático (cfr. LD 11) ni su posición en el paradigma tecnocrático, que defiende que el ser humano se cree sin límite alguna, «cuyas capacidades y posibilidades podrías ser ampliadas hasta el infinito gracias a la tecnología» (LD 21). Creemos que el mundo que nos rodea es un objeto de aprovechamiento, de uso desenfrenado, de ambición ilimitada (Cfr. LD 25).
  • Falta de eficiencia, oportunidades y avances duraderos en acuerdos multilaterales entre Estados (cfr. LD 24). No hay organizaciones con autoridad real para asegurar objetivos irrenunciables (cfr. LD 35). Los procedimientos de toma de decisiones eficaces anteriores no fueron suficientes (cfr. LD 43). Las últimas Conferencias sobre el Clima han tenido un bajo nivel de implementación (se privilegias intereses personales sobre el bien común) (cfr. LD 52). El Papa se pregunta: «¿Para qué se quiere preservar un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir? (cfr. LD 60).

La COP28, en este sentido, dice el Papa, «desde ser un punto de inflexión para reaccionar y demostrar que lo que se ha hecho valió la pena» (cfr. LD 54), debe ayudar a una mejora transición energética (cfr. LD 59) y debe ayudarnos a salir de la lógica de emparchar para buscar el bien común y asegurar el futuro de próximas generaciones (cfr. LD 58,60).

Debe proponerse una transición energética, pero justa, que garantice la igualdad de oportunidades en el acceso a la energía renovable, tanto por los países ricos como por los países pobres.

Conversión ecológica

La solución pasa por una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que nos rodea (LS 217). Fue el papa Juan Pablo II el que acuñó inicialmente este concepto.

Se trata de «interpelar a los creyentes a ser coherentes con su propia fe y no contradecirla con sus acciones (LS 200).

Esta conversión ecológica, propuesta por la LS, se expresa en los siguientes términos:

  • Respuesta al clamor de la Tierra: «esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla (LS 2).
  • Respuesta al clamor de los pobres: «… no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas (LS 43).
  • Economía ecológica: «Necesitamos imperiosamente que la política y la economía se coloquen decididamente al servicio de la vida (LS 189). Necesitamos cambiar el modelo de desarrollo global… redefinir el progreso (LS 194).
  • Adopción de estilos de vida sencillo: «El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del plantea, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes… (LS 161).
  • Educación ecológica: «Espero también que en nuestro seminarios y casa religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable… (LS 214).
  • Espiritualidad ecológica: «La gran riqueza de la espiritualidad cristiana, generada por veinte siglos de experiencias personales y comunitarias, ofrece un bello aporte al intento de renovar la humanidad (LS 216). La espiritualidad ecológica fomenta un mayor contacto con el mundo natural en un espíritu de asombro, alabanza, alegría y gratitud. Una experiencia que nos predispone para su cuidado.
  • Compromiso de la comunidad y acción participativa: «a problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales» (LS 219).

El camino de conversión no es fácil, las respuestas fáciles están disponibles allá dónde vayamos, pero pueden ser erróneas. Hay que buscar soluciones, que aunque sean complejas, sean correctas. En la Iglesia tenemos una ventaja: tenemos redes comunitarias fuertes (parroquias, grupos, comunidades…) donde propiciar la reflexión y el apoyo mutuo. Contamos con la fuerza de Dios. Es un trabajo que debemos hacer juntos para dar con respuestas que sirvan también para todas las personas que sufren, sin olvidarnos del resto de la vida (animales y plantas) que también son creación de Dios.

Posteriormente, se abrió un turno de preguntas e intervenciones en torno al tema tratado.

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