Bienvenidos. Bien hallados. Nos reunimos Adviento tras Adviento. El creyente es un ser “esperante”, su vida brota de su esperanza. Con calma, sin ansiedad, es Cristo quien lo planifica todo. La humanidad necesita personas de esperanza, pero ¿realmente vivimos a la espera de aquel a quien amamos? ¿Qué espero? Os invitamos a reflexionar y compartir.

Oración inicial

Quiero callar un momento y serenar el torbellino de mis ideas y sentimientos, para estar ante ti atentamente, con todos mis sentidos despiertos.

Quiero vaciar mi casa de tantos objetos y antojos de relleno, y estar despejado y libre aguardando tu venida.

Quiero hacer un alto en el camino, mirar hondo y otear el horizonte, para caminar a tu encuentro y, contigo, al encuentro de tus preferidos.

Quiero permanecer en silencio y escuchar el susurro de tu voz, que trae buenas nuevas, cada día, para todos los que andamos por la vida.

Quiero estar solo contigo para sentir el ritmo de tu corazón y aprender a vivir como tú en el corazón del mundo.

Quiero verte y conocerte, fijar mis ojos en tu rostro, sentir tu mano sobre la mía, y callar, esperar y gozar.

Ulibarri Fernández, F.

Evangelio

Escuchamos el evangelio correspondiente al domingo siguiente a nuestro encuentro. Dedicamos un tiempo de silencio, el Señor y tú conversáis, nos preguntamos: ¿Cómo responder a la Palabra de Dios «viva y eficaz»? Compartimos.

Tema

El capítulo «EL ADVIENTO, LA GRAN ESPERA«, del libro Vivir el Año Litúrgico, de Francisco Martínez, sirve de fondo para la reflexión. Preguntas que invitan a la oración y al diálogo ¿Qué he de cambiar para prepararme a tu llegada?

– la evangelización de nuestros deseos, de nuestros afectos ¿vas siendo Tú cada vez más el horizonte de mis esperas, de mis afectos, de mis deseos?

– Iglesia en salida, que sale fuera de sí misma, dejar la comodidad y la rutina para salir al encuentro del que llega ¿salgo para encontrar al Señor?

– tentación de cansarnos de esperar, de no terminar el camino ¿soy una persona fiel? Que se acostumbra a la fortaleza, a las dificultades de la vida

– ¿esperamos con amor? del mismo modo que Dios nos mira

– la alegría profunda, la sonrisa sincera, que va de dentro a fuera, de un corazón que se siente amado ¿Cómo está mi vida de gozo?

Oración final

Como María, nos abrirnos a la Gracia, Dios lo puede todo, quiere transformar este mundo y quiere transformarnos a nosotros, cuando se cierran puertas el Espíritu siempre abre horizontes. Dios te salve María … Amén.

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