El pasado lunes 24 de octubre tuvo lugar la inauguración e inicio del nuevo curso del Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares. El acto fue presidido por el Sr. Arzobispo de Zaragoza, D. Carlos Escribano, y tuvo lugar en la sede del Centro Berit de Zaragoza. 

La lección inaugural estuvo a cargo de D. José Antonio Rojo, Catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza, que realizó la primera sesión del curso, bajo el título “Toda la realidad (física) es palabra de promesa”. 

El profesor Rojo inició su intervención con una breve explicación de la encíclica “Lumen fidei”, “escrita por dos papas”, explicó, debido a que Benedicto XVI, antes de presentar su renuncia, la tenía muy avanzada. Era la tercera encíclica dedicada a las virtudes teologales. El Papa Francisco revisó el manuscrito y lo hizo propio con algunos añadidos. Fue publicada en el primer año del pontificado del nuevo pontífice, el día de la festividad de San Pedro y San Pablo. 

Con el título “Lumen Fidei” (“La luz de la fe”) plantea la fe como la luz que disipa las tinieblas, que ilumina el camino del ser humano. En concreto, el segundo capítulo, titulado “Si no creéis, no comprenderéis”, de Isaías, es el que hace referencia a estos temas objeto de la ponencia. 

Evocó la famosa frase de San Agustín: “Tocar con el corazón, eso es creer”. Puntualizó que el significado del corazón en la época no se refería a los sentimientos y las emociones, sino “a la unidad del ser humano, la unidad de cuerpo y alma”. 

¿Qué se entiende por toda la realidad física, a la que se refiere el título de la lección? La totalidad de la realidad física es el universo. El profesor Rojo dedicó la primera parte de la lección a los descubrimientos más relevantes de los últimos cien años respecto al universo, para después plantear a la luz de la fe como valorar toda esa gran obra de la creación. 

El universo normalmente se ve lejano, quizás ajeno a las preocupaciones cotidiana de la gente. Tiene una banda luminosa de una gran intensidad que va del este al oeste, llamada “Vía Láctea”, también llamado “Camino de Santiago”, por tener esa misma orientación.  

“La “Vía lactea” es nuestra galaxia, la zona del universo donde vivimos. Durante mucho tiempo se pensaba que era la única galaxia que había en el universo. Durante el siglo XX se han descubierto muchísimas galaxias”, explicó. Con las observaciones realizadas a través de los telescopios se han ido reconstruyendo cómo es nuestra galaxia, en el que la luz tarda en atravesarla 100.000 años (ancho: 100.000 años luz), se estima que tiene unos 200.000 millones de estrellas (“cada ser humano puede tener una 20 estrellas, a las que puede poner su nombre”). Su espesor de 10.000 años luz. Es una galaxia en espiral, como puede verse en la siguiente imagen. En el centro de la galaxia hay un agujero negro que equivale a cuatro millones de soles, que generar la gravedad que permite a toda la galaxia dar vueltas alrededor del agujero negro. Nuestra estrella más cercana, Alfa Centauri, está 4,5 años luz del Sol. 

“Nuestra galaxia es una galaxia intermedia. Se ha descubierto que en el universo, aunque a principios de siglo XX se pensaba que era la única, ahora se sabe que hay otras 100.000 millones de galaxias como la nuestra”. “Tenemos un universo impresionante”. “En realidad, -señaló-, el universo no es algo lejano sino, al revés, es nuestra propia historia”. “Nosotros somos fruto de la historia del universo”. 

José Antonio Rojo: “Aunque el universo parezca lejano, no lo es en realidad, sino, al contrario, el universo es nuestra propia historia: nosotros somos fruto de la historia del universo”. 

Recordó la teoría del Big Bang como principal presupuesto científico para entender la evolución del universo. Se calcula que este fenómeno, la gran explosión inicial, tuvo lugar hacer 13.810 millones de años, en el que todo el universo estaba condensado en “un punto del tamaño de un alfiler”. “En los primeros cinco minutos desde la explosión, se formaron los átomos de hidrógeno y helio, que es lo que compone el 60 por cierto de nuestro cuerpo”. De ahí que “la historia del Universo es también nuestra historia”, señaló recordado la obra de David Christian, “La gran historia de todo”. 

“Era tan espeso el universo al inicio que tuvo que separarse para que lo hiciera también la luz de la materia”. Habría que esperar 400.000 años para que al enfriarse, en un momento dado, de los átomos sale un resplandor, que todavía podemos observar actualmente. “Es la prueba más importante de ese modelo del universo”, explicó.  La expansión a partir de entonces se produciría en forma de “embudo”. El universo se expande al inicio muy rápidamente pero después se expande mucho más lentamente. 

El profesor Rojo, para una mejor comprensión de los términos temporales, equiparó ese extraordinario período de tiempo con el de un año natural. Si así fuera, la formación de las primeras estrellas tuvo lugar en torno al 6 enero (250.000 millones años después), las galaxias aparecerían el 15 de enero. 

Explicó que algunas de las estrellas, las llamadas “supernovas”, son más luminosas pero tienen un período de duración menor y terminan explotando. Del resultado de tales explosiones, se  van formando los demás elementos químicos que forman nuestro cuerpo, como el carbono, oxigeno, nitrógeno….”El cuarenta por ciento de átomos que forma nuestro cuerpo. De esa estrella que va uniéndose los átomos más complejos y cuando explotan provoca que se forme el Sol y por su masa gravitatoria atrapa esas cenizas y se forman los planetas”. “Esas cenizas es lo que queda de la explosión de la supernova”. De tal manera, que, figuradamente, hasta el 25 de agosto no se produciría la aparición del Sol, mientras que la vida en la Tierra tendría lugar el 10 de septiembre. LOs animales aparecerían en la Tierra en torno al 15 de diciembre, y sólo 8 minutos antes de la finalización del año, aparecería la especie humana como tal. 

“Toda esta realidad -indicó Rojo- se ha podido conocer a través de la teoría de la relatividad de Einstein”. Por su parte, George Lemaître (1894-1966), sacerdote belga, demostró en 1927 que las ecuaciones de Einstein implican que el Universo está en expansión. Maître puede considerarse como el “padre de la teoría del Big Bang”, nombre acuñado por Fred Hoyle. Sería Edwin Hubble quien, a través de un potente telescopio, observó con mucho más detalle nuestra galaxia y descubrió que había muchas más, y que estaban alejándose, deduciendo incluso la velocidad de alejamiento. Este último determinó también la edad del Universo. 

La otra prueba del modelo del universo fue un descubrimiento realizado casualmente por Penzias y Wilson, advirtiendo un zumbido, se dieron cuenta que estaban captando el resplandor del Big Bang, ese destello luminoso que se produjo 400 mil años después. Este descubrimiento mereció el Premio Nobel. 

En el año 1992 colocaron un telescopio en órbita, el COBE, que permitió realizar el mapa de la bóveda celeste. Las manchas que se aprecian son las semillas donde se van a formar las estrellas y galaxias. Para Stephen Hawking, este es el “más importante descubrimiento del siglo y, tal vez, de todos los tiempos”. George F. Smoot señaló que “lo que hemos encontrado es la prueba del origen del Universo. Es como mirar a Dios”. Mather y Smoot, por este descubrimiento, merecieron igualmente el Premio Nobel de Física. 

En 1998 se descubrió que el Universo está creciendo todavía. En ese año se descubrió, en concreto, que había una fuerza que hacía que el universo se estuviese expandiendo. A esa energía le llamaron “energía oscura”. Todo lo que se sabía hasta ese momento, sólo era un 5 por ciento de lo que existía. El 70 por ciento era esa energía oscura. Si apenas se conoce ese 5 por ciento, nada se sabe del resto. Perlmutter, Schimdt y Riess recibieron el Premio Nobel del 2011 por este descubrimiento. 

Otro hecho importante que ha ocurrido en el 2021 ha sido el funcionamiento de un nuevo telescopio, el James Webb, que mejora la calidad de las imágenes cien veces respecto al Hubble. 

En la segunda parte de la exposición, el profeso Rojo reflexión sobre la visión de los científicos respecto a Dios. Una postura es la defendida por Einstein, “creo en el Dios de Spinoza que se manifiesta en la ordenada armonía de cuanto existe”. Cuando vemos un universo regido por elyes matemáticas, con una enorme belleza, Einstein defiende que detrás de todo eso hay una mente inteligente. De alguna manera, Einstein se define como teísta. Pero también ha científicos, como Weinberg, que, desde una perspectiva atea, señala que “cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también”, palabras sacadas de su libro “Los tres primeros minutos del universo”. Lo que defiende este autor es que el universo es fruto del azar. Una tercer postura, propia de Darwin, propia del agnosticismo, que defiende que “el misterio del origen de todas las cosas es insoluble para nosotros y yo, al menso, debo contentarme con ser un agnóstico”. Es un misterio el origen del universo y él duda. El teísmo, el ateísmo y el agnosticismo son las tres posturas mayoritarias entre los científicos. 

Cuando recordamos la Biblia, -señaló Rojo- el Génesis empieza “en el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Hubo escuelas de filosofía griega que pensaron que el universo era eterno. Los datos indican que el universo tiene un comienzo, no es eterno. Así lo recoge también el Génesis. También, este libro de la Biblia señala que “Dijo Dios: “Hágase la luz” y la luz se hizo”. Como se ha señalado, la luz no estaba al comienzo, hubo que esperar (400 mil años). Estas coincidencias llevaron a Pío XII a pensar en la posibilidad de decir que los descubrimientos científicos probaban la verdad de la Biblia, pero los expertos le desaconsejaron esta opción. La ciencia y la teología son campos independientes y “aunque confluyan como las vías de un tren en el infinito, son caminos distintos”. 

Posiblemente, -explicó el ponente- a persona que más captó el impacto que tuvo la teoría de la evolución de Darwin y vio que fue totalmente incompatible con la fe cristiana fue Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo, teólogo, filósofo. En su obra, “El fenómeno humano”, en la que se vislumbra “una teoría de la evolución”, señaló que “el Hombre no sería capaz de verse a sí mismo de manera completa fuera de la Humanidad, ni la Humanidad fuera de la Vida, ni la Vida fuera del Universo.  De ahí el plan esencial de este trabajo: la Previda, la Vida, el Pensamiento, estos tres acontecimientos que dibujan el pasado y se dirigen hacia el futuro (¡la Sobreviva!). El Hombre, pues, como eje y flecha de la Evolución.”. 

Manuel García Doncel, teólogo y jesuita, cita el primer capítulo del Evangelio de San Juan: “Al existía la palabra y la palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Todo se hizo por la Palabra y sin la Palabra no se hizo nada. La Palabra estaba en el mundo y el mundo fue hecho por la Palabra. Jesús es la Palabra hecha carne cuya gloria hemos contemplado”. Está resumido, de manera intuitiva, todo el gran proyecto que explica Theilard, del universo como manifestación de Dios. 

Una de las razones principales del ateísmo es el problema del mal: ¿cómo Dios consiente que exista el mal en el mundo y en el universo? Sobre esta cuestión sobre la que se ha reflexionado todo. Una de las reflexiones planteada por el ponente fue la de John Polkinghorne, que distingue entre mal físico, que cumple las leyes de la naturaleza. Por otra parte, se encuentra el mal moral, en la que interviene la libertad humana.  Para este autor, Dios en el momento en que establece las leyes del Universo, le da autonomía para poder realizarse siguiendo dichas leyes. Teológicamente, se ha identificado como la teología de la kénosis, que tiene que ver con Filipenses 2,5-8). En última instancia, como asume el judaísmo, Dios es un misterio (“Yo soy el que soy”). Así mismo, en el cristianismo (Jn “A Dios nadie lo ha visto jamás. Lo hemos conocido pro su Hijo”). Es en Jesús donde más se materializa esa teología de la kénosis. Para el teólogo Denis Edwards, Jesús es identificado como la segunda kénosis, la de la autodonación: el Hijo de DIos se hace hombre: Jesús descubre el Misterio de DIos en el fondo de si mismo, en el fondo del prójimo y en toda la creación. Y eso le lleva a una viviencia  profunda de Amor (EvJn: “Y la Palbra se hizo carne y habitó entre nosotros”). 

Por otra parte, el ponente recordó que algunos periodistas, ante los descubrimientos mencionados, se dirigiesen al Vaticano para ver que tenía que decir ante las imágenes. El Director del Observatorio de Castelgandolfo, Guy Consolgmano, señaló, en una entrevista, que “la idea de leer la Biblia como un texto científica en un herejía”, “Fe y razón son dos fuerzas que nos lelvan a conocer” y que “la ciencia sólo puede aumentar nuestro deleite y gozo ante Dios, nuestro Creador”. 

En este sentido, Einstein señaló en alguna ocasión que “el misterio es lo máss hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quién no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han exitguido. Esta experiencia del misterio está también en el origen de la religión”. 

Finalmente, el profesor Rojo recordó que la Encíclica nos invita a seguir los caminos de la Ciencia y de la Teología hasta sus fronteras. Allí encontraremos el Misterio. El Misterio del Universo está en el fondo de uno mismo, en el fondo del toro y en el fondo del Universo. “El futuro de la humanidad, deberla de la sabiduría pero, sobre todo, de la capacidad de amar”, concluyó.

“El futuro de la humanidad, deberla de la sabiduría pero, sobre todo, de la capacidad de amar”.

 

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