El pasado miércoles, 9 de febrero, tuvo lugar un nuevo café-tertulia, organizado por el Centro Berit, que trató la cuestión “¿Es posible tener experiencia de Dios hoy?”. Como ponentes del café-tertulia se contó con Mariola Iglesia, stj y Eliseo Javier Asso, que compartieron con los presentes su reflexión sobre la experiencia de Dios en la vida del hombre y la mujer de hoy. 

En la introducción se puso de manifiesto la relevancia del tema a tratar, “cómo la más absoluta trascendencia se hace presencia en el corazón de las personas”. Recordó las palabras de San Agustín, cómo lo más alto (“superior summo meo”) está en la más profunda interioridad (“interior intimo meo”). En palabras de Juan Martín Velasco, “una experiencia sería un fragmento de la vida de la persona conscientemente vivido, el conocimiento de una realidad singular a partir del contacto con ella”. Dice este autor que “dicho conocimiento experiencial se opone tanto al conocimiento obtenido por las noticias que otros nos traen de ello y cómo el conocimiento de algo por el entendimiento de los conceptos que lo definen”: “es como leer una partitura y escuchar la música, es como sentirse emocionado al leer una obra literaria que trata del amor y sentirse querido o amado”. “Es una diferencia de grado”. Se expresa maravillosamente en el libro de Job: “Yo te conocía solo de oídas más ahora te han visto mis ojos”. 

La experiencia de Dios parece también hoy una necesidad -recordó-. Decía Rahner que “sin la experiencia religiosa, ningún hombre puede permanecer siendo cristiano a la larga, bajo la presión actual del ambiente secularizado”. Incluso parece ser una condición necesaria para “salir fuera”: en palabras de Bergson, “solamente una Iglesia que viva y encarne la experiencia del amor de Dios al hombre podrá ofrecer al mundo de hoy ese suplemento de espíritu para que pueda abrirse a un horizonte de esperanza”. 

Dando la bienvenida a los ponentes, se inició el turno de sus intervenciones. 

Mariola Iglesias, teresiana, reside en Zaragoza y organiza cursos relacionados con la fe y el arte, inició la conversación. Señaló que sí es posible la experiencia de Dios hoy “porque si no fuera posible, qué sería de nosotros: los creyentes seríamos los más desdichados de toda la humanidad y nuestra vida sería un sinsentido”. Evocó la frase de Rahner de que “el cristiano del siglo XXI será un místico o no será cristiano”. “Y místico es el que tiene experiencia de Dios, el que es consciente de que el misterio de Dios traspasa nuestra vida, de que Dios está aquí, de que le importamos, de que podemos hacer experiencia de su misterio”.

Desde su experiencia, “es posible la experiencia de Dios porque Dios no puede dejarse de darse a si mismo, es amor y comunicación”. Recordó la reflexión de Teresa de Jesús: “Dios no anda buscando otra cosa que tener a quién dar”. “Dios está buscándonos, porque quiere dársenos, porque Dios no da cosas, se da Él mismo”. 

Su reflexión giró en torno a un cuadro sobre un pasaje del Cantar de los Cantares, del pintor alemán Sieger Köder, sacerdote, de estilo tardo expresionista, fallecido en el año 2015, que con sus cuadros quería predicar el Evangelio. 

 

Mariola Iglesias: “Dios nos está buscando, sale a nuestro encuentro y busca todos los resquicios, como el novio del Cantar de los Cantares, de nuestra vida para que podamos hacer experiencia de Él, para que le conozcamos no intelectualmente sino experiencialmente”

Dios hace lo que el novio en el Cantar: “Mira por las ventanas, atisba por las celosías, buscar el más mínimo resquicio que nosotros le dejamos de apertura para colarse en nuestra vida y amarnos”. “Dios nos busca deseoso de compartirse, se para delante de nuestra puerta y ama para entrar en nuestra intimidad”. 

Pero ¿por qué a veces la experiencia de Dios nos parezca tan difícil? “Lo que ocurre, no pocas veces, es que no estamos en casa, Dios llama, está a la puerta pero si no estamos en casa no podemos oír que está llamando”. 

¿Qué es “no estar en casa”? “Es vivir fuera de nosotros mismos, es vivir ajenos a la cruz de nuestra propia vida, inconscientes, demasiado veloces, demasiado presionados por ritmos que nos deshumanizan, demasiado aturdidos por otros ruidos”. 

“Como Dios es tremendamente respetuoso porque no entra sin nuestro permiso, si no le oímos, si no estamos, no entra en nuestra casa”. “Por ello, -compartió Iglesias- el principio fundamental es habitar nuestra propia casa, vivir la vida y no dejar que la vida nos viva, que se nos pasen los días uno tras otro, tras otro…, sin vivirlo en plenitud”. “Si viviéramos más atentos, más conscientes, no podríamos sino abrirnos a la misteriosa realidad de Dios y decir como Jacob: “Dios estaba en este lugar y yo no lo sabía”. “No me había enterado que Dios estaba en mi vida, pero estaba”. 

Iglesias propuso “recuperar nuestros sentidos y aplicarlos plenamente a la realidad que vivimos”. “Los sentidos son nuestras puertas de acceso a la realidad  y es que es en la realidad donde Dios nos viene a buscar: en nuestra vida, en la familia, en el trabajo…”. “Ayuda dedicar unos minutos al final del día a pensar qué he visto y qué he mirado y cómo he mirado”. “Para experimentar algo precioso, que Dios me mira, ir acostumbrando a mis ojos a encontrarme con su mirada en lo que me pasa en el cada día”. 

Habló, en particular, del sentido del oido. “Oir y escuchar”. La Escritura nos dice que “Dios escuchó el clamor del pueblo”. “Para hacer experiencia de Dios hay que poner el oído donde Él lo pone”. “¿Qué voces escucho?” “¿Escucho algo o solo me dejo aturdir por el ruido?”. “Hay mucho ruido en nuestro mundo”. 

“Cuando el empeño de buscar a Dios, de escuchar a Dios es real, entonces empezamos a descubrir que Dios habla en las personas, habla en los acontecimientos, en su Palabra, pero desde que se encarnó, Dios habla privilegiadamente en cada ser humano, sobre todo en los más pequeños». 

Mariola Iglesias reconoció que su experiencia es que “cuando me pongo a escuchar, cuando quiero vivir en clave de escucha, también me siento escuchada por Dios en mi grito más íntimo, y puedo experimentar que todo lo mío le importa”. “Y eso es hacer experiencia de Dios”. 

También hablo de olfato: “Oler, hay muchos olores, el del café que preparo por la mañana, el del aire limpio cuando ventilo mi habitación, el de la colonia que puedo usar, el de las personas que aman, el del trabajo, el olor de la pobreza. Pablo nos habla del buen olor de Cristo. El olor que dejamos nosotros mismos cuando amamos”. “Mucha vida nos llega a través del olfato”. 

Se trata de “estar atentos con todos los sentidos, buscar, saborear la vida. Buscar y agradecer. Pararse. Padalear lo que se nos regala”. San Ignacio dijo: “No el mucho saber hace o satisface el alma sino el gustar y el sentir de las cosas internamente”. 

Y, finalmente, habló del tacto. Sentir el frío, el calor, lo suave, lo áspero…”Con nuestras manos acariciamos y trabajamos. El beso…Dicen los místicos que la experiencia de Dios es como “un abrazo o como un beso” (Sta. Teresa: “Béseme el Señor con el beso de su boca”). 

“Se trata, concluyó, en definitiva de vivir conscientes”. “Por eso, podría ser interesante de reflexionar cada día como hemos ejercitado un sentido para vivir consciente”. 

Mariola Iglesias: “La vida cotidiana es un lugar privilegiado de la experiencia de Dios”. 

“A veces tenemos la idea de que para hacer experiencia de Dios hay que retirarse y eso está bien. Pero muchas veces no tenemos esa posibilidad. Y la posibilidad de la vida cotidiana es la que tenemos siempre”. “Jesús viene a buscarnos a donde estamos, viene a nuestra casa”. 

“Dios es tremendamente respetuoso y nunca se nos va a imponer. La experiencia de DIos es un regalo, es un don. No es manipulable, no lo podemos forzar. Pero al mismo tiempo, que haya encuentro o no también depende de nuestra respuesta”. 

Recordó finalmente un soneto de Lope de Vega: 

“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío

pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:

«Alma, asómate agora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

“A veces la experiencia no se produce porque lo vamos dejando para luego”. La promesa es intimidad compartida, hasta lo más profundo. ¿Por qué no abrimos? “Dios lo único que quiere es amarnos, que yo sea feliz”. ´”Él quiere, ¿queremos nosotros?”

Mariola Iglesias: “A Dios lo experimentamos en la medida en que lo queremos experimentar.“

Eliseo Asso, padre de familia, dedicado profesionalmente al marketing digital, planteó la cuestión desde la experiencia de la vida, de los acontecimientos “a través de los cuales el Señor nos habla”. Se definió como un “cristiano de parroquia”. 

“Todo lo vivido es gracias a Dios”. Se definió como un “hombre de fe por obra de la gracia”. “En la vida se viven acontecimientos feliz y otros menos felices”. 

“El Señor ofrece un camino largo. ¿Dónde está el Señor? En primer lugar, en mi pecado, donde el Señor nos muestra dónde estamos cada uno”. “Como dice el Papa Francisco: “Todos en la Iglesia somos pecadores, pero tenemos una característica, queremos dejar de ser pecadores”. “Por ello, son importantes los sacramentos”. “Para mi, una experiencia vital, son los sacramentos porque detrás de ellos, están los diez mandamientos”. 

También habló del “sufrimiento, como experiencia de Dios”. Jesús murió en la cruz. Debajo del sufrimiento está el Señor que nos habla. 

Eliseo Asso: “En el sufrimiento descubrimos también a Dios”. 

También se puede encontrar a Dios en las criaturas: en la familia, en los amigos, en mi esposa, en mis hijas. En el Cantar de los Cantores, cuando el Señor te regala el amor humano, se te concede para que lo encuentres a Él. “También en el amor carnal, está Dios”. 

Enfatizó la importancia de la comunidad para el crecimiento de la experiencia de Dios. 

Explicó su experiencia en su última convalecencia como consecuencia del COVID, permaneciendo hospitalizado 25 días. “En esos momentos, no tenía miedo. Decidí que estar en manos de Dios. Entregué mi vida en manos de Dios. Aproveché esos momentos para la oración, para leer el Evangelio, los Laudes y Vísperas, el Rosario. Me di cuenta que en ese momento podía estar cerca de Dios. También percibía lo que rezaban los demás por mi. Viví veinticinco días viviendo de la gracia de Dios”. “La vida que me ha dado el Señor esos veinticinco días fue un regalo”. “Que nadie tenga miedo a la muerte. Lo que yo he vivido en esa cama de hospital, si eso es el inicio del cielo, somos muy afortunados”. 

Eliseo Asso: “La experiencia de Dios es vivir, tener los ojos abiertos y aprovechar cada oportunidad que te da la vida para encontrar a Dios”.  

Finalizadas ambas intervenciones se desarrolló un coloquio con los participantes. 

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