Lecturas

Job 7, 1-4. 6-7 – Salmo 146 – 1ª Corintios 9, 16-19. 22-23

Marcos 1, 29-39.

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Comentario

CURÓ A MUCHOS ENFERMOS DE DIVERSOS MALES

2021, 5º Domingo Ordinario

            El evangelio de hoy describe a Jesús en su misión intensa de curar enfermos y de expulsar los espíritus malignos de hombres poseídos. Marcos describe una jornada muy apretada y densa de Jesús que resume perfectamente su vida y su dedicación. Pasa su tiempo anunciando la llegada del reino de Dios. Y como signo y comprobación sana y cura enfermos y rehabilita vidas. Para saber centrarnos en la dedicación cotidiana de Jesús, hemos escuchado primero una lectura del Libro de Job. “Recuerdo –dice- que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán nunca la dicha”. Ante el relato del evangelio, el libro de Job nos sitúa previamente ante el sufrimiento y la congoja de los hombres y mujeres de todos los tiempos, y también de hoy. El hombre sufre y su vida está abocada a la muerte. Y muere inexorablemente después que el sufrimiento, el agobio, el miedo forman parte de manera indisoluble de su vida. El evangelio que hemos escuchado afirma que Jesús, el Hijo de Dios, viene a salvarnos. Él es la nueva imagen y la nueva realidad del hombre querido por Dios. Las curaciones de Jesús en el evangelio no son sino un signo y comprobación de este hombre nuevo que Dios va a recrear por medio de Jesús, artífice y modelo del hombre del futuro. Todo lo que Jesús hace o dice no son gestos independientes y aislados. Obedece a su plan universal sobre la historia y los hombres, destinado a ser, como él, hijos de Dios.

            Marcos, en el trasfondo de su evangelio, se esfuerza en describir cómo es y será la nueva comunidad de Jesús, la comunidad del amor de Dios difundido por el Espíritu Santo en todos y cada uno de los discípulos de Jesús. Jesús los asocia íntimamente a su persona y su misión. Para ello los integra en su grupo y los va formando para su dedicación peculiar que es curar y sanar al hombre, a todo hombre y de todos sus males. Jesús no se reduce a una visión espiritualista y religiosa del hombre. Lo libera de todos los demonios psicológicos, sociales y espirituales para integrarlo armoniosamente en una comunidad llamada a ser verdaderamente fraterna. No lo saca del mundo. Al contrario. Se acerca al hombre real y concreto, a todo hombre, para reintegrarlo al proyecto global de Dios sobre él, a su destino eterno y, también, a su responsabilidad temporal y terrena. Hombre nuevo es aquel que sigue a Jesús y le acoge en su vida. En los que siguen a Jesús desaparecen todas las diferencias y todo es unificado en él. Pablo lo explicará afirmando: “Ya no hay judío ni griego, ya no hay esclavo o libre, no hay hombre o mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28). Y explicará la causa y fundamento: “Nosotros que con la cara descubierta, reflejamos como un espejo la gloria del Señor, somos trasformados en la misma imagen cada vez más gloriosos, como conviene a la imagen del Señor que es Espíritu” (1 Cor 3,18).

            Jesús se denomina él mismo “Hijo del hombre”. Se hace hombre sin dejar de ser Dios. Y como Dios y hombre verdadero es imagen y modelo para todo hombre. Por eso cura, sana, recompone en él mismo y según él mismo.

            Jesús, cuando sale de la Sinagoga va a casa de Pedro. Su suegra está enferma. Jesús la toma de la mano, y la levantó, y la mujer se puso a servirles. Por la noche le llevaron a Jesús todos los enfermos y poseídos. Los discípulos constatan: “Todo el mundo te busca”.

            La presencia de Jesús entre los hombres es la presencia del contra-mal frente al mal. Esta presencia es constatada por los mismos malos espíritus que lo proclaman presente. Pero Jesús no les permite hablar. Marcos habla del choque entre los espíritus del mal y Jesús. Son el contraste entre la enfermedad y la salud, las tinieblas y la luz, la muerte y la vida. Hoy el mal está muy revuelto entre creyentes y no creyentes. En una generación adormecida en el mal ya no resalta tanto la oposición y la diferencia. Nuestra generación ha perdido el sentido de lo eteno, el sentido el mal. Lo verdaderamente maléfico de nuestra generación no es solo el mal, sino la pérdida de la conciencia del mal. En estos tiempos son muchos los que no solo obran mal, sino que lo justifican y razonan. En nombre de los parlamentos, o de la ley, o de las razones de Estado, y hasta en nombre de la conciencia se han cometido, se cometen, verdaderas barbaridades. Hoy se racionalizan la mentira, el error, la parcialidad. Para muchos la verdad no existe. La verdad son ellos. Hacen aflorar ciertamente sus simpatías, apatías y antipatías, sus filias y malquerencias, sus favoritismos y parcialidades. La psicología actual constata hoy que no siempre la mente del hombre es translúcida. Que hay muchos procesos cognitivos que persisten activos no en el espacio de la razón, sino más allá de ella. En nombre de la verdad millones de seres nacen, viven y mueren en opciones diferentes y opuestas. Y esto ocurre cada día incluso en el campo de la religión en el que se defiende la verdad confundida con la costumbre, o en el terreno de la política donde las razones partidistas se defienden como razones de Estado. En la misma fe siempre han existido intentos de domesticar a Dios, de manipular la verdad, de mantener prácticas egolátricas en nombre del evangelio.

            El evangelio de hoy nos ofrece un valioso detalle que hace referencia a lo fundamental de la vida y misión de Jesús, y de nuestra propia vida creyente. Dice Marcos que aquel día “Jesús se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar”. Esta oración se repite con frecuencia en la vida de Jesús, sobre todo, en los momentos más comprometidos. Jesús, en la oración, se hace total. “Entrar en lo secreto” es para él una necesidad. La oración de Jesús emerge de su condición de hijo. Es como la respiración de su alma, el alto en que halla su descanso, su secreto más profundo. En los momentos difíciles Jesús ora para vencer. Su victoria es fruto de su oración. Dios ha concedido a la oración lo que no está en la capacidad humana. Lejos de aislarlo de los hombres, la oración lo hunde más profundamente en el corazón de la misión. La oración le hace superar las debilidades de la condición humana. Su oración es entrega y su entrega es oración. Jesús no sabría decir como nosotros “no tengo tiempo”. A más dedicación, a mayor dificultad, ante el mayor obstáculo, Jesús ora y ora para poder. La fuerza y ánimo la deduce Jesús de su confianza en el Padre. Para él el Padre no es un deber, un paréntesis desconectado, sino una necesidad y una dicha. Pidamos al Señor que cure nuestra frialdad, nuestro desafecto y alejamiento. Nuestra lejanía de él es lejanía de nosotros mismos.

Francisco Martínez

www. centroberit.com

e-mail: berit@centroberit.com

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