En una reciente ponencia titulada «Mujer en la Iglesia», dentro del Curso anual de Teología del Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares, se abordó el tema de la mujer en la Iglesia, a cargo de Dolores Ros, profesora de eclesiología en la diócesis de Zaragoza. La discusión, que tomó como punto de partida los ministerios instituidos y la eclesiología del Vaticano II, buscó iluminar el rol de la mujer a lo largo de la historia y su impacto en la iglesia actual.

Un recorrido histórico

El encuentro comenzó con un recorrido histórico sobre el papel de la mujer en la iglesia, destacando figuras del Antiguo Testamento como Ana, Débora, Judith y Ester. En el Nuevo Testamento, se resaltó el protagonismo de María y otras discípulas de Jesús, incluyendo a María Magdalena, reconocida como «apóstol de apóstoles» por ser la primera en anunciar la resurrección.
A pesar de la presencia de mujeres fuertes en la Biblia, se observó que a menudo permanecían a la sombra de hombres importantes, una constante a lo largo de la historia. En la Edad Media, la mujer se enfrentaba a la elección entre el hogar y el convento, siempre en dependencia del varón. En tiempos modernos, aunque surgieron figuras importantes, muchas mujeres fueron tachadas de brujas y perseguidas. Sin embargo, también se destacó el encuentro espiritual entre santos como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Vicente de Paul y Luisa de Marillac, Francisco de Sales y Juana de Chantal. El siglo XIX marcó un punto de inflexión con la Revolución Francesa y el inicio de la emancipación femenina. Surgieron numerosos institutos religiosos femeninos y advocaciones de la Virgen María, evidenciando un florecimiento del carisma femenino y su servicio en la sociedad. El siglo XX trajo consigo el feminismo y la reivindicación del sacerdocio para la mujer, un tema aún en debate.

La Iglesia hoy: ¿En qué Iglesia estamos?

La ponencia invitó a reflexionar sobre el rol de la mujer en la iglesia actual. Se enfatizó que la iglesia existe para evangelizar y está al servicio del proyecto de Jesús, el Reino de Dios. A la luz del Concilio Vaticano II, se recordaron las imágenes de la Iglesia como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo, destacando su función como sacramento de salvación. Se mencionaron las cuatro funciones de la iglesia:
Diaconía (servicio): Manifestar un nuevo modo de amar y servir para hacer creíble el Evangelio.
• Koinonía (comunión): Vivir el Reino en fraternidad, unión, libertad, comprensión y amor.
Martiría (anuncio): Proponer la fe y anunciar la salvación de Jesucristo.
Liturgía (celebración): Celebrar el misterio de Cristo a través de la Eucaristía y los sacramentos.
Se lamentó la pérdida del sentido de la liturgia en la vida de muchos cristianos, priorizando actividades lúdicas sobre la participación en la misa. Se hizo un llamado a recordar que la comunidad cristiana está formada por hombres y mujeres, y que ambos están llamados a vivir la diaconía.

El Bautismo: sacerdotes, profetas y reyes

Se recordó que, por el bautismo, los cristianos participan de la dimensión sacerdotal, profética y real de Cristo. Esto implica:
Dimensión sacerdotal: Acceso directo a Dios, ofrecer sacrificios y participar en la liturgia.
Dimensión profética: Anunciar a Cristo con la Palabra y la Escritura.
Dimensión real: Ser libre del mal, servir y vivir el lavatorio de los pies de Jesús.

El Papa Francisco y el Sínodo: un nuevo impulso

Se destacó la importancia de la Evangelii Gaudium del Papa Francisco, que retoma la imagen de la Iglesia como Pueblo de Dios, un lugar de misericordia donde todos se sientan partícipes, acogidos y amados. La ponente resaltó el concepto de discípulo misionero y el «instinto de la fe» (sensus fidei) que ayuda a discernir lo que es de Dios.
Ros invitó a reflexionar sobre la conversación en el espíritu, una metodología para discernir la voluntad de Dios a través de la escucha atenta y el descubrimiento de la acción del Espíritu Santo. Se reconoció que el Espíritu Santo a menudo es olvidado en la vida cotidiana y en la fe.
El documento final del Sínodo, que dedica un número entero a las mujeres, fue considerado de gran importancia. Se subraya la importancia del bautismo como fuente de identidad del Pueblo de Dios y se destaca la Iglesia sinodal misionera. Se reitera que todos los creyentes poseen el sensus fidei gracias al Espíritu Santo.
Obstáculos y oportunidades para la mujer en la Iglesia
El Sínodo reconoce que las mujeres aún enfrentan obstáculos para el pleno reconocimiento de sus carismas, vocación y lugar en la vida eclesial. A pesar de ser mayoría entre los fieles y participar activamente en comunidades y parroquias, en ocasiones se limitan sus oportunidades en la investigación teológica, puestos de responsabilidad y funciones de liderazgo.
El Sínodo hace un llamado a la plena aplicación de las oportunidades ya previstas en la legislación, permitiendo que las mujeres desempeñen funciones de liderazgo en la iglesia. Se deja abierta la cuestión del acceso de las mujeres al Ministerio Diaconal y se pide prestar más atención al lenguaje y las imágenes utilizadas en la predicación y la catequesis.

Ministerios bautismales: un llamado a la acción

Se explicó la diferencia entre ministerios instituidos y ministerios bautismales, recordando que estos últimos radican en el bautismo. Se cuestionó si en las comunidades se conoce la existencia y función de los ministros instituidos laicos. Se subrayó la importancia de reconocer los carismas y dones del Espíritu Santo en cada persona para ponerlos al servicio de la comunidad.

«Estaban allí y no lo sabía»: experiencias de mujeres en la Iglesia

Ros recordó, en su exposición, el libro «Estaban allí y no lo sabía. Las mujeres en la Iglesia, aproximación vital» (Ruiz López de Soria, A. y Morán, M.V., PPC), que narra experiencias de mujeres en la liturgia, la comunión, la diaconía y el anuncio. Se mencionaron ejemplos concretos de mujeres que acompañan espiritualmente, coordinan comunidades, visitan enfermos, trabajan en la reinserción social y coordinan delegaciones pastorales.

Conclusión: un llamado a la coherencia y la formación

Se concluyó que hoy crecen grupos de mujeres que reflexionan sobre su ser mujer e iglesia, buscando responder coherentemente a su vocación y misión. Se reconocen las dificultades para articular la competencia profesional, la maternidad, la familia y los ministerios eclesiales.
Se destaca que la participación pastoral en la iglesia local está protagonizada por mujeres, pero dirigida por varones. Se subraya la importancia de la formación para lograr una comunión y corresponsabilidad real. Invitó a conocer a los ministros instituidos en la diócesis y a valorar la diversidad de carismas y ministerios.
Finalmente, la ponente animó a recuperar la memoria, reconociendo el papel de la mujer en la transmisión de la fe y en el acompañamiento de los procesos de iniciación cristiana e invitó a vivir una fe personalizada y a ser conscientes de que somos misión.
La ponencia concluyó con un llamado a no ser pasivos y a buscar el propio camino de discernimiento para descubrir cómo ser más útil en la comunidad cristiana. Ros invitó a vivir la fe como una buena noticia y a poner en valor los dones y carismas de cada mujer en la iglesia y en la sociedad.
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