El pasado día 29 de noviembre tuvo lugar una nueva sesión del Curso de Teología del Instituto Diocesano de Estudios Teológicos para Seglares «Los Sacramentos de la Iglesia», esta vez a cargo de D. José Alegre Aragües, profesor del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, con una ponencia bajo el tema «La historia como sacramento/encuentro con Dios«.

El profesor Alegre recordó, en esta ocasión, que «somos Historia y somos Pascua». «Desde muy niños -señaló- tenemos consciencia de que tenemos un pasado, un presente y un futuro. El niño anhela futuro pero también va a tener muy pronto consciencia de pasado: cuando su madre le cuenta historias. Pero no le cuenta cualquier historia, sino que las elige cuidadosamente. Es muy consciente de que no puede contar a su pequeño cualquier historia porque el niño va a hacer introspección». «En el pasado hay modelos, experiencias, que crean ilusión. Querer ser más de lo que somos, trascendernos, es el anhelo de todo hombre». «El niño capta muy pronto que somos tiempo, pero también que somos espacio: nuestro local, nuestro país…».

«Desde pequeños descubrimos modelos, experiencias motivadoras, que nos transmiten a través cuentos e historias».

«Espacio y tiempo -explicó Alegre- son dos dimensiones de las que no podemos prescindir ni podemos dejar de pensar en ellas. Cuando el niño piensa en el futuro, piensa también en un espacio».

«Hoy la ciencia nos habla del espacio y la realidad espacial. En el caos del universo, hay un dinamismo. La naturaleza va buscando elementos afines. Juntando esos elementos va juntando elementos nuevos. La naturaleza en sí misma es un fin, un dinamismo, que promete mucho. Ha conducido a la formación de elementos materiales que se agrupan, luego ha surgido la vida y luego ha surgido alguien, el ser humano, que es consciente de esta realidad». «Somos polvo cósmico igual que el que explotó en el momento inicial del universo, pero que ha cambiado, la evolución de los astros y los planetas, de nuestro propio planeta, saltos cualitativos ha originado lo que somos nosotros, seres exactamente igual que otros seres pero singularmente diferentes, somos conscientes del espacio y del tiempo». «Nos sabemos tiempo». 

«Y vamos conociendo historias, historias que nos van contando la Historia, que llevan en sí mismo un mensaje, un «algo» muy especial. Cuando hablamos de historia estamos traduciendo un elemento muy importante. Como cuando hablamos de «creación», no hablamos de azar, es el resultado de un «proyecto» del Creador. Igualmente, el tiempo se convierte en historia, en una historia con sentido. Cuando nos preguntamos por sentido de la historia, al utilizar el término «historia», la historia tiene sentido, es sensata. Se puede pensar sin sentido, pero no es historia, es puro pasar», indicó Alegre. 

«El tiempo se convierte en historia, en una historia con sentido.»

«En esta realidad, descubrimos que hay unos elementos muy diversos pero, en todo ello, hay una unidad. Se manifiesta de una forma diversa y hay una gran complejidad». «Somos los seres más complejos». Como conjunto nos hemos desarrollado cualitativamente más, porque hemos desarrollado conciencia. No somos los más fuertes, ágiles, fuertes, pero somos los más conscientes, únicos. Y hablamos teniendo en cuenta una especie de «línea roja», que separa el puro azar del sentido de historia y de proyecto». «Esa línea roja es muy importante porque para nosotros es tener esperanza o vivir sin sentido». 

Indicó el ponente que «esta consciencia historia nos sitúa, primero ante una «diana» (parece que todo está dirigido y apunta hacia un algo) y apunta también a que lo vivimos en acontecimientos muy concretos y muy sencillos pero que dan pie para pensar mucho».

«Pero otra experiencia que nos da el espejo, junto con la transitoriedad, es el de la impotencia. Nos gustaría detener el tiempo pero no podemos, sin embargo, con tenacidad podemos hacer, como humanidad, muchas cosas. Si hay algo que lo sustente: la confianza, la esperanza y el sentido comunitario, es decir, la fe, esperanza y el amor». 

«El ser humano ha buscado siempre señales, signos, palabras… Desde el fuego, el trueno, el sol, … cualquier cosa que nos desborda. Detrás de todo esto, buscamos a «alguien», si podemos hacer lo que queremos hacer, si podemos encontrar algo que nos diga, algo «sobre la realidad». Por eso, toda nuestra vida es escucha, estar pendiente de, buscar signos. Somos oyentes (Rahner).

«Toda nuestra vida es escucha, un «estar pendiente de», buscar signos…. Somos -como decía Rahner- «oyentes»

«Cuando repetimos algo muchas veces  es porque allí hay un signo imperante, profundo, trascendente», recordó.

«Las preguntas que nos hacemos, la del niño que pregunta ¿por qué?, revela nuestra constante búsqueda, nuestra inquietud interior, nuestro anhelo permanente; queremos saber, describir, conocer…, buscando la palabra que nos dé la clave para descubrir el fondo de la realidad». «El ser humano siempre está buscando una palabra y una realidad que le trasciende pero donde únicamente puede encontrar su anhelo y su fundamento. El hombre siembre ha buscado signos, palabras que le hable de lo que es y de lo que será».

La naturaleza es palabra también, una palabra inagotable, una obra que nos habla del creador, un signo que hace referencia al Creador.»

«Y la historia es también un signo de lo que somos y lo que hacemos. Para conocernos, dicen los literatos, nos dirán que no hay mejor palabra que una buena historia. No hay mejor forma de hablar de la realidad que contando historias, porque somos historia y hacemos historia.» 

«Por los cuentos del niño él sabe y ha aprendido que hay una historia previa a él y coge referencias de ese pasado que no es suyo originariamente pero que hace suyo poco a poco. Historias previas que ha ido asumiendo y ya forman parte de el. Las que su madre ha elegido. Historias que le hablan de la realidad de una manera determinada. La historia es una palabra que nos habla de nosotros, de los demás, de la historia en general, es en este sentido memoria, recuerdo». 

«La historia es una palabra que nos habla de nosotros, también nos habla de los demás, de la historia en general, es, en este sentido, memoria, recuerdo. Pero es, también, transmisión.».

«Pero también es transmisión. Nos contamos historias. Desde niños, nos aficionamos a contar y escuchar historias. Como los cuentos, con su moraleja. Y los niños las recuerdan. La madre está haciendo una labor de transmisión. Las historias se transmiten y os ponen en comunicación y de unas generaciones con otras».

En este sentido, el ponente recordó que «todos formamos parte de la historia humana». «Todos nos sentimos integrados en esas historias comunes, en esa Historia, porque también los antiguos nos hablan del futuro y de nuestro futuro«, señaló.

«Dios es también narración, tiempo, historia, palabra, acontecimiento».  

«La historia, convertida en palabra, se convierte en memoria y narración y también Dios es narración, tiempo, historia, palabra. Dios habla a través de la naturaleza, pero Dios es también palabra en la historia. Además, en la historia es donde la palabra nos desvela el sentido y sale el encuentro en aquello donde nosotros más buscamos, el sentido más fprogundo de la historia. Descubrimos que Dios es tiempo, que nosotros somos tiempo. Y que Dios se hace tiempo, historia, acontecimiento. Y sale al encuentro nuestro en aquello que nosotros, más inquietos, andamos buscando. Y necesitamos descubrir esas palabras y el sentido que nos propone». 

«La historia es palabra, es palabra humana por que al contarse muchas veces, que va calando en nuestra reflexión, va madurando, va desvelando, nos permite ver dentro de él. La palabra de historia es donde nos podemos sentir bien». Borges dirá: «La palabra es tan profunda, que la palabra es sacramento». En este sentido, la palabra es sacramento». «Hace presente a quien nombra, como la carta de un hijo ausente». «Le hace presente». 

En el ámbito religiosa, la literatura se configura en una palabra comunitaria, profunda, que desvela nuestra realidad interior. La literatura religiosa añade la esperanza, «abre las cortinas del futuro, desvela el horizonte y anima a un futuro esperanzado, que promete», explicó Alegre.

«La Biblia es la gran historia de la humanidad, forma la gran historia de Dios con la humanidad».

Pues bien, «la Biblia es un conjunto de historias, que dice algo de nosotros y que todas juntas conforman una historia. La Biblia es una narración, una biblioteca. Sus épocas, sus temáticas, son historias, muy humanas, especialmente humanas a veces». «Pero forma la gran historia de la humanidad. Forma la gran historia de Dios con la humanidad«. La Biblia es una afirmación de fe. Todas las historias bíblicas arrancan de la más sencilla, la más original (‘cuando tu hijo te pregunte, di mi padre fue un arameo errante que en tiempo de sequía necesitó bajar a Egipto…). Tanto el Éxodo y en el Deuteronomio son muy conscientes de que están transmitiendo su historia, pero con su historia están transmitiendo el sentido y la posibilidad de la historia: que hay una promesa que es la que guía al futuro. La seguridad de esa promesa, cuando es Dios el que la hace, da mucho más seguridad». «Son historias de nuestra gran historia de un Dios con nosotros. Se dará cuenta que pueden contarla de forma ordenada. Primero, la creación. Esa historia y promesa se repite y se ha repetido a través de nuestros antepasados. Y se ha transmitido al futuro». 

La historia de la Biblia es la historia de los pobres, de los fracasados, de quienes se saben humanos, frágiles e imponentes, pero con la esperanza de una promesa, de un futuro, de un horizonte.

«Esa historia que arranca de una realidad negativa, de un Egipto, todos podemos salir de nuestros Egiptos, pero nos encontraremos, no con el Edén, sino con un desierto, aunque sea en libertad». «La historia la contaron los desterrados -recordó Alegre-. En la crisis, en el fracaso, cuando se sintió pobre. Con la narración fue reconstruir su historia. Es una historia de pobres, de fracasados, de quienes se saben humanos, frágiles e impotentes, pero con un futuro que nadie les quita. Un futuro y horizonte, alguien que vendrá, un mesías no desvelado completamente, basado en sus ensoñaciones. A veces, muy desfigurado. Es lo que les confunde». 

«Nosotros empalmamos con esta historia, Jesús reúne todas las condiciones para ser la historia, el acontecimiento, la palabra y el sacramento».

«Nosotros empalmamos con esta historia, Jesús reúne todas la condiciones para ser la historia, el acontecimiento, la palabra y el sacramento. Jesus es un viviente como nosotros. Viéndolo, hemos visto en él que dice lo que somos los seres humanos. De una manera tan viva, tan bella, que reúne esas dimensiones: belleza, profundidad y expresión común. La palabra ha de ser proclamada en comunidad. Es como el niño que se introduce en literatura a base de que le cuenten. Esa historia de Jesús, nosotros entendemos que es, de alguna manera, el fin de la historia. Jesús nos desvela en qué consiste la promesa. La promesa es que seremos humanos. Un niño que será un gran niño. Algún día seremos nosotros mismos pero en plenitud».

«Jesús es, en cierta manera, el fin de la historia, que desvela en qué consiste la promesa, que seremos humanos, que seremos nosotros mismos pero en plenitud»

«Sin embargo la historia no ha terminado. Solo está dibujado en él pero no participamos de eso sino como promesa. Mientras tanto seguimos viviendo la historia como paso, como tiempo, como experiencia de fragilidad». 

Pero ¿cómo podemos hacernos signos de esta historia?. Pues, convirtiéndonos en historia, como comunidad creyente. En Marcos, Jesús nos pide: «Id y haced discípulos». Nos convertimos en signos de Dios y de su intervención. Lo hace en quienes hacen y se hacen historia humana. No podemos ser creyentes sin hacer ni vivir en la historia. Lo hace cuando nos hacemos narración. Lo hace cuando proclamamos la buena noticia. Si a nuestra vida cruda, añadimos la esperanza. Esa dimensión esencial, la esperanza. Somos esperanza incluso en las situaciones más límite y en el pecado más grave. Cuando proclamanos siempre que Dios es perdón. Cuando no ponemos límites a esa experiencia, expresión del anhelo y que algún día viviremos en plenitud», concluyó.

La próxima sesión correrá a cargo de D. Ernesto Brotóns Tena, el próximo lunes 13 de diciembre, bajo el título “La Palabra se hizo carne Cristo sacramento del Padre y Humanidad nueva”.

Para más información sobre el curso 2021-2022 e inscripciones: https://centroberit.net/curso-2021-2022-del-instituto-diocesano-de-estudios-teologicos-para-seglares/

 

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