Lectruas

Isaías 40, 1-5.9-11 – Salmo 84 – 2ª Pedro 3, 8-14

Marcos 1, 1-8:
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

Comentario;

ENDEREZAD LOS SENDEROS AL SEÑOR

2020-21, 2º Domingo de Adviento

        Estamos viviendo el segundo domingo de Adviento. El Adviento no es, sin más, un rutinario tiempo del calendario que viene y se desvanece. Pensar así es propio de un cristiano que ha pactado con la mediocridad. Para un buen creyente el Adviento viene con el fin de dejar en nosotros una impronta maravillosa de fe y de misterio. La verdad profunda de este santo tiempo es que Dios, nuestro Padre, toma la iniciativa para venir a nosotros y otorgarnos un conocimiento nuevo, para establecer un pacto nuevo de salvación y concedernos una gracia de eternidad. Viene para darnos al Hijo y la filiación del Hijo, anticipando en nosotros la vida eterna.         Hemos escuchado una primera lectura de Isaías. En realidad corresponde a la predicación de un autor anónimo que proclama un mensaje de consuelo al pueblo que vive  en el exilio de Babilonia. Anuncia el fin del sufrimiento y el comienzo de la liberación. Los pecados que llevaron al exilio fueron graves pero han sido suficientemente pagados. Ahora el Señor consuela a su pueblo y le anuncia el retorno gozoso a Israel. El pueblo de exiliados es descrito como un rebaño que Dios guía y apacienta como pastor. En la segunda lectura Pedro se centra en la promesa del Señor de volver a la tierra. Intenta confirmar en la esperanza anunciando la inminencia de unos cielos nuevos y una tierra nueva donde va a habitar la justicia. Hay que perseverar, dice, siendo intachables e irreprochables. Marcos nos ofrece hoy el inicio de su evangelio. Evocando el mensaje de Isaías, Juan Bautista clama al pueblo convocándole a preparar los caminos para la venida del Señor. Predica y bautiza en el desierto revestido de austeridad y anunciando la inminente llegada del Mesías.

        Hoy este mensaje de esperanza de la palabra de Dios adquiere un significado pleno y actual y nos convoca a nosotros a la conversión, porque el Señor viene, misteriosa pero realmente. Y hay que saber discernir la situación para saber ver al Señor que quiere transformar nuestras vidas.

        Israel ha vivido una experiencia intensa. La vida sin  Dios le ha llevado al exilio. Pero con Dios retorna a la patria de su identidad. Y este mismo mensaje la Iglesia, apoyada en la palabra de Dios, lo aplica hoy a nosotros. Cuando nos alejamos de Dios perdemos nuestra identidad, nos alejamos de nosotros mismos y nos convertimos en unos exiliados espirituales. Hemos abandonado al Dios verdadero y nos hemos fabricado nuestros propios ídolos. Nos hemos dejado contagiar de la frialdad e indiferencia de nuestro tiempo y hemos cambiado la fe por la razón. Hemos sustituido al Dios de los profetas, al Dios del evangelio, por el dios de los filósofos, de los líderes de la modernidad y posmodernidad. El orden cristiano ha sido sustituido por una política sin derecho divino, una moral sin Dios, una religión sin dogmas ni misterios. Una corriente de secularización sin precedentes ha tomado las mentes y los corazones y ha hecho surgir una religión laica que, instalada en la finitud, domina a la sociedad con desenfreno. El hombre actual ha abandonado la esperanza cristiana y ha perdido el sentido de lo eterno. Ha sustituido el culto al Dios verdadero creando nuevos horizontes terrenales de sentido, nuevas formas de experiencia sensible y emocional con las que intenta sobrepasarse a sí mismo diluido en formas modernas de placer y bienestar. Son el amor al lujo, la sed de ganancias ilimitadas, el dinero abundante con su enorme poder adquisitivo, con su capacidad de degradación de los más altos valores de personales en aras de los meramente materiales, haciendo de las personas seres poseídos más que poseedores, insensibilizando a muchos ante los sufrimientos y carencias de la mayoría. Son también el consumismo insultante, el cultivo refinado del cuerpo, el consumismo loco y obsesivo, los viajes lujosos, las noches alienantes, el deporte apasionado con sus hooligans que rugen con furor explosivo, la reivindicación exagerada de autonomías e independencias quiméricas, el consumismo con su fuerza degradante. Es evidente que al hombre poseído de tales ídolos le es difícil compaginarlos con el sentido de lo eterno.  

        Añadamos a ello la pérdida del sentido religioso, la deficiente formación en una espiritualidad renovada más conforme con la Biblia y la liturgia y con el Vaticano II, la incapacidad de integración en comunidades y movimientos eclesiales, la insolidaridad con el sufrimiento de los pobres.

        El Adviento es una llamada a la sensatez, a la verdad, a la identidad, una llamada a la esperanza que nunca falla. Marcos nos indica hoy el camino. Comienza ahora su “evangelio de Jesucristo Hijo de Dios” y lo culminará con la confesión del centurión al pie de la cruz proclamando que “verdaderamente este hombre es Hijo de Dios”.

        El mejor mensaje sobre el Adviento nos  lo ofrecen Isaías, Juan el Bautista y María. Ellos llenan la liturgia de este tiempo animándonos a ser agentes de  nuestra transformación y la de los demás.

        Isaías es como el evangelio del Antiguo Testamento. Sacudió enérgicamente la conciencia del pueblo que se había olvidado de Dios. Exigió pureza de conversión y fue el maestro del Adviento judío.

        Si los profetas nos dicen cómo será el Mesías, Juan el Bautista nos señala quién es de hecho el Mesías. Nos habla de la triple venida de Cristo, la histórica: “Detrás de mí viene el que es mayor que yo”, la misteriosa o actual: “Convertíos, porque ha llegado el reino de los cielos”, y la futura: “Ya el hacha está en la raíz del árbol”. Juan es modelo de austeridad y de sentimientos de ardiente espera.  

        María es la gran figura del Adviento. Vivió el mejor Adviento desde la anunciación al nacimiento de Jesús. En María culmina la espera de Israel. Ella es fiel acogedora de la Palabra hecha carne. Su propia sangre fue la de Cristo. Ella hizo posible la primera Navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres. Es ejemplo de espera mesiánica por su sencillez, rectitud, humildad, reconocimiento agradecido. Fue total en el amor a Dios. El Adviento es tiempo mariano por excelencia. Ella es la mejor preparación y realización del misterio cristiano. Por su fidelidad ella es también modelo y tipo de la Iglesia.

        Una vivencia realista del Adviento nos llevará a conocer más a fondo el amor del Padre que nos da al Hijo, el amor del Hijo que viene a configurarnos con él, a conocer y amar al hombre por el que Dios se ha entregado sin reservas para ayudarle a vivir eternamente con él. 

Francisco Martínez

www.centroberit.com

e-mail:berit@centroberit.com

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