LA PASCUA, DON DE PAZ, DE AMOR Y ALEGRÍA
Queridos amigos, nos reunimos en Pascua. Oramos juntos:
Dejarme resucitar con Cristo
Enterrar el estilo de vida pagano
Y vivir el estilo de los hijos de Dios
Dejarme invadir por la paz e irradiarla
Dejarme conducir por el Espíritu del Resucitado
Amando siempre y en todo
A continuación, proclamamos el evangelio dominical y, tras una breve meditación, compartimos nuestras reflexiones con el grupo.
La Pascua, el día que hace el Señor. (Vivir el año litúrgico, Martínez García, F., Ed. Herder, 2002, págs. 338-343).
La pascua de Cristo es el acontecimiento que funda y configura la historia: Dios sigue “pasando por su pueblo” y le otorga la vida nueva en Cristo resucitado. Ahora el don increíble de Dios a su pueblo ya no es la antigua liberación de Egipto, sino la liberación de todas las servidumbres interiores y exteriores. Los creyentes de todos los tiempos y lugares revivirán el mismo suceso original de Cristo implicando en él todas sus tensiones y problemas para poder renovar la creación entera, sometida a la frustración.
De este modo la pascua es memoria es misterio (Cristo muerto y resucitado) es profecía (nosotros ahora, incorporados a Cristo estamos pasando de la muerte a la vida) o anticipación de futuro (participando de la pascua, anticipamos en nosotros la vida eterna). La iglesia ha de celebrar el memorial del Señor. Celebrar la pascua es hacer nuevas todas las cosas en la vida real. Los cristianos somos testigos de que una experiencia interior que se irradia en un comportamiento lleno de alegría, fraternidad y amor.
La paz es la vida pascual: todas las apariciones del resucitado son transmisiones de paz, restauración del hombre como proyecto e imagen de Dios.
Monseñor José Ignacio Munilla dice que, en la actual Pascua en tiempos de guerra, la esperanza no ha muerto. Sabemos que nuestra esperanza cristiana está fundada en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Ahora bien, no es una esperanza que nos remita únicamente al más allá: es una esperanza performativa, es decir, una esperanza que transforma el presente desde la certeza del futuro.
«¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen!». El papa León ha puntualizado que la paz que Cristo nos da «no es aquella que se limita a silenciar las armas», sino aquella que «toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros».
Cada uno aporta aquello que le ha sugerido el tema propuesto, así como su implicación personal. Para favorecer el diálogo, se plantean las siguientes cuestiones:
- ¿Recibo la paz de Dios con corazón agradecido? ¿La doy a los demás? ¿Nos resignamos a la violencia y a las guerras?
- ¿He acogido la misericordia de Dios en mi vida? ¿Ofrezco a los demás perdón sincero?
- ¿Cómo ser testigos de Jesús resucitado hoy? ¿Cómo renovar nuestros ambientes y el mundo?
Nos despedimos con el siguiente Himno:
Cristo, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre. ¡Bendita la mañana que anuncia tu esplendor, al universo!
En el día primero, tu resurrección alegraba el corazón del Padre. En el día primero vio que todas las cosas eran buenas porque participaban de tu gloria…
En la clara mañana, tu sagrada luz se difunde como como una gracia nueva. Que nosotros vivamos como hijos de la luz y no pequemos contra la claridad de tu presencia.






