Nueva ficha de seguimiento práctico de los grupos REVIBE. Mayo 2017.

RESUCITAR CON CRISTO: AMAR ES POSIBLE NUEVAMENTE EN LA DIFICULTAD DE LA CRUZ (Revibe, mayo 2017) 

Bienvenidos, hermanos, a una nueva reunión de REVIBE, en la que celebramos especialmente en este tiempo pascual del Año Litúrgico, que Dios ha resucitado. Ha resucitado en la Iglesia, en la Comunidad, y en cada uno de nosotros.

1) Para comenzar, pidamos al Espíritu que nos ilumine en este encuentro de amistad y nos de la luz para compartir y vivificar nuestra fe.

“Oh Dios, que penetras el corazón y el pensamiento de los hombres y no hay para ti secreto alguno, purifica, por el Espíritu Santo los impulsos de nuestro corazón, para que merezcamos amarte y alabarte sobre todas las cosas. Por Jesucristo nuestro Señor.”

2) A continuación, proclamaos la palabra de Dios (categoría: Evangelio y su comentario de centroberit.net), asumiendo que “Dios no sólo habla a la cabeza, sino a la persona entera, al corazón (…). La persona, la comunidad, han de llegar a ser no sólo acogida y comunión, sino la biografía encarnada de la palabra, su expresividad personal y social. Para ello, nada mejor que aplicarnos toda la palabra y aplicarnos del todo a la palabra, saliendo de nosotros, caminando hacia ella, estando del todo en ella, y saliendo nuevos con ella” (Francisco Martínez, “Vivir el año litúrgico”, Herder, Barcelona, 2002, p. 79).

3) El Papa Francisco, en la homilía de la Misa del Domingo de Resurrección, el pasado 16 de abril, nos exhortó a tomar conciencia de lo que significa que Cristo ha resucitado.

“Hoy la Iglesia repite, canta, grita: “¡Jesús ha resucitado!”. ¿Pero cómo? Pedro, Juan, las mujeres fueron al Sepulcro y estaba vacío, Él no estaba. Fueron con el corazón cerrado por la tristeza, la tristeza de una derrota: el Maestro, su Maestro, el que amaban tanto fue ejecutado, murió. Y de la muerte no se regresa. Esta es la derrota, este es el camino de la derrota, el camino hacia el sepulcro. Pero el ángel les dice: “No está aquí, ha resucitado”. Es el primer anuncio: “Ha resucitado”. Y después la confusión, el corazón cerrado, las apariciones. Pero los discípulos permanecieron encerrados todo el día en el Cenáculo, porque tenían miedo de que les ocurriera lo mismo que le sucedió a Jesús. Y la Iglesia no cesa de decir a nuestras derrotas, a nuestros corazones cerrados y temerosos: “Parad, el Señor ha resucitado”. Pero si el Señor ha resucitado, ¿cómo están sucediendo estas cosas? ¿Cómo suceden tantas desgracias, enfermedades, tráfico de personas, trata de personas, guerras, destrucciones, mutilaciones, venganzas, odio? ¿Pero dónde está el Señor? Ayer llamé a un chico con una enfermedad grave, un chico culto, un ingeniero y hablando, para dar un signo de fe, le dije: “No hay explicaciones para lo que te sucede. Mira a Jesús en la Cruz, Dios ha hecho eso con su Hijo, y no hay otra explicación”. Y él me respondió: “Sí, pero ha preguntado al Hijo y el Hijo ha dicho sí. A mí no se me ha preguntado si quería esto”.

Esto nos conmueve, a nadie se nos pregunta: “¿Pero estás contento con lo que sucede en el mundo? ¿Estás dispuesto a llevar adelante esta cruz?”. Y la cruz va adelante, y la fe en Jesús cae. Hoy la Iglesia sigue diciendo: “Párate, Jesús ha resucitado”. Y esta no es una fantasía, la Resurrección de Cristo no es una fiesta con muchas flores. Esto es bonito, pero no es esto, es más; es el misterio de la piedra descartada que termina siendo el fundamento de nuestra existencia. Cristo ha resucitado, esto significa. En esta cultura del descarte donde eso que no sirve toma el camino del usar y tirar, donde lo que no sirve es descartado, esa piedra —Jesús— es descartada y es fuente de vida. Y también nosotros, guijarros por el suelo, en esta tierra de dolor, de tragedias, con la fe en el Cristo Resucitado tenemos un sentido, en medio de tantas calamidades. El sentido de mirar más allá, el sentido de decir: “Mira no hay un muro; hay un horizonte, está la vida, la alegría, está la cruz con esta ambivalencia. Mira adelante, no te cierres. Tú guijarro, tienes un sentido en la vida porque eres un guijarro en esa piedra, esa piedra que la maldad del pecado ha descartado”. ¿Qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? Esto, sencillamente. La piedra descartada no resulta realmente descartada. Los guijarros que creen y se unen a esa piedra no son descartados, tienen un sentido y con este sentimiento la Iglesia repite desde lo profundo del corazón: “Cristo ha resucitado”. Pensemos un poco, que cada uno de nosotros piense, en los problemas cotidianos, en las enfermedades que hemos vivido o que alguno de nuestros familiares tiene; pensemos en las guerras, en las tragedias humanas y, simplemente, con voz humilde, sin flores, solos, ante de Dios, ante de nosotros decimos: “No sé cómo va esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado y yo he apostado por esto”. Hermanos y hermanas, esto es lo que he querido deciros. Volved a casa hoy, repitiendo en vuestro corazón: “Cristo ha resucitado”.

Reflexionemos sobre estas palabras del Santo Padre:

  • ¿Como vivimos en lo cotidiano que Cristo ha resucitado?¿En qué lo notan los que nos rodean?
  • ¿Cuál es nuestra actitud ante el sufrimiento y las dificultades? ¿Cuál es el sentido de nuestra fe en el mundo en el que nos encontramos?

4) Nos despedimos orando:

Padre resucitado, que sienta la paz que me muestras,

Que no se cierren mis “puertas” por el miedo,

Que me aferre al Espíritu que me regalas,

Para vivir intensamente el compromiso de sentirme enviado…

Señor mío y Dios mío, perdona mis debilidades, mis dudas, mis temores…

Porque aun siendo a veces como Tomás, deseo buscarte, estar contigo…

Porque aunque me encierre en mis silencios o en mis ruidos, en mis comodidades o en mis ocupaciones…

Tú sabes como entrar en mi vida, como hacerla distinta, como insuflar aire en mis vacíos y oxigenar mi alma endurecida.

Que el Espíritu renovado de la resurrección,

Nacido de la victoria sobre la muerte y alimentado por el Amor más generoso…

Impulse mi fe, mi permanencia en Ti, y aliente el ánimo modesto de quien quiere quererte, seguirte y responderte, Padre…

Tu Amor es mi paz, mi paz es tu perdón, y tu perdón es mi camino de testimonio al amparo de tu Fuerza.

AMEN

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