La culpa y el perdón

El perdón es el instrumento esencial para conseguir la paz interior y la salud mental y física.
Carl y Stefani Simonton, en su libro “Técnicas mentales en el tratamiento del cáncer” nos dicen: El perdón será una de las medicinas preventivas del futuro.

1º Sentimientos que generan enfermedad, estrés, ataduras y falta de libertad:

–    RABIA: Cuando uno se siente amenazado y agredido.
–    RENCOR: Resentimiento crónico.
–    CULPA: Autocondena y remordimiento cuando creemos que hemos obrado mal.
–    MIEDO: ansiedad y agitación cuando percibimos o creemos ver un peligro.

2°.- La culpa como enigma:

La culpa carcome a todo ser humano, creyente y no creyente (Torres Queiruga). Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿Qué clase de hombre soy yo para poder haber hecho o sentido esto?

Los filósofos nos dicen que el hombre es una contradicción: hacemos lo que queremos y también lo que no queremos, e incluso cuando hacemos lo que queremos, a veces, nuestra decisión no es del todo transparente (¿cuál es mi verdadera intención?).

Ninguna época de la humanidad ha sido tan consciente como la actual de la autonomía y la libertad humanas, pero aquí está el enigma: lo que sentimos cada día es la finitud de la libertad:

Libertad = apertura
Finitud = límite
La libertad finita nunca será explicable; de ahí que diga Fichte: “querer comprender un acto de libertad es absolutamente contradictorio; si se pudiese comprender, ya no sería libertad” (tendría explicación razonable y no se podría elegir).La culpa es también una paradoja ética
Ovidio, en el mundo pagano expresó: “veo lo mejor y lo apruebo; pero sigo lo peor”. San Pablo, en el mundo cristiano dijo: “no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”.
El hombre sólo puede escapar de esta contradicción, sin superarla del todo, mediante la continua superación de lo que ya es y lo que puede llegar a ser.La culpa es un problema de todo hombre
Todo hombre, creyente, agnóstico, ateo, con dudas… .tiene que afrontar el hecho dramático de la libertad finita. La “situación límite de la culpa” pone en cuestión la vida de cada persona y cada uno ha de buscar su propia respuesta.
Ni siquiera Dios puede impedir la posibilidad de la culpa, porque no permitir el pecado equivaldría a no permitir la libertad.
La culpa surge de la ambivalencia afectiva (binomio amor-odio del niño: EDIPO), mucho antes de que aflore la moral o la religión.
El problema, por tanto, no es la existencia de la culpa, sino la forma de afrontarla.
Para el cristiano Dios libera de la culpa:
–    Antiguo Testamento: Cólera de Dios = tristeza del amor.
–    Nuevo Testamento: Dios ama especialmente al pecador; en el amor no hay temor.

3°.- La alegría del perdón:
Se sana mediante el perdón, mirándonos a nosotros mismos y a los demás desde una posibilidad de cambio.

El perdón no es algo propio de débiles, sino de fuertes y maduros. El auténtico perdón supone:

–    Una decisión
–    Una actitud
–    Un proceso
–    Una forma de vida

A)    Cuando yo me perdono:
–    Me valoro
–    Me comprendo
–    Me acepto
–    Me amo
–    Me siento libre

B)    Cuando yo perdono a los otros:
Necesito ver a la otra persona quitando la hojarasca de sus actos. Profundizar en su
intimidad que es esencialmente buena (o enferma).
Es más difícil perdonar a los que más queremos que a los que nos son indiferentes.
Dice Goethe: “ Si tratas a una persona según lo que parece, la haces peor de lo que es;
pero si la tratas como si ya fuera lo que tiene capacidad de ser, la haces lo que es.

MIRA EN LAS PERSONAS NO LO QUE HACEN, SINO LO QUE PUEDEN HACER SI SE SIENTEN AMADAS.

4°.- Mensaje y mística de la Cuaresma:

La cuaresma es esencialmente negación de la culpa. El pecado sólo puede ser entendido a la luz del amor de Dios. Es ruptura de relación con el Dios único que se revela como amor. El perdón sólo es posible por Cristo (Mc. 1,13) La vida cristiana y en concreto la Cuaresma, es el combate dramático entre el pecado y la gracia, la muerte y la vida, el amor y el odio, la luz y las tinieblas, el alejamiento y la cercanía.

SALMO 129: Súplica en la experiencia de la culpa y confianza en la misericordia divina.

Desde lo hondo a ti grito,
Señor, Señor, escucha mi voz,
Estén tus oídos atentos
A la voz de mi súplica

Pilar Montijano Torcal
Psicóloga
Profesora del Instituto Diocesano
de Estudios Teológicos para Seglares.