ReViBe, julio y agosto 2020

LA HUMILDAD: LA EXUBERANCIA DEL AMOR EN LAS RELACIONES MUTUAS

Comenzamos el verano de este año complicado por la pandemia.  Un tiempo en el que podemos dar gracias al Señor por el don de la vida y de la salud.  Un tiempo también para descansar.  Descansar y dar gracias al Señor, con palabras o sin ellas, por su presencia y su aliento en nuestras vidas.

Oración (Adora y confía, T. de Chardin, sj)

No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío.  Quiere lo que Dios quiere.  Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades, el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo, acepta los designios de su providencia.  Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que te quiere para sí. Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas. Piensa que estás en sus manos, tanto más fuertemente cogido, cuanto más decaído y triste te encuentres.

Evangelio

Tras proclamar el evangelio dominical meditamos y compartimos lo que nos sugiere a cada uno.  Por ejemplo:

  • ¿Qué me llama la atención del texto?
  • ¿Qué frase o palabra ha resonado de un modo especial en mí?
  • ¿A qué me invita este relato evangélico?

Tema:  La humildad: la exuberancia del amor en las relaciones mutuas.  Dejarnos hablar por Dios.  Francisco Martínez García.  Herder, 2006.

Cuestiones para la reflexión y el diálogo

  • Jesús se presenta con manso y humilde.  ¿Cómo te presentas tú?
  • ¿Qué tienes que no hayas recibido?
  • El Padre ha ocultado estas cosas a sabios y prudentes: ¿Por qué nuestro mensaje resulta casi siempre más oscuro y complicado que el de Jesús?
  • ¿Por qué hay tanta distancia entre nuestra palabra y la vida de la gente?

Oración final (Adora y confía, T. de Chardin, sj)

Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz. Que nada te altere. Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales. Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro, una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios. Recuerda: cuanto te deprima e inquiete es falso. Te lo aseguro en el nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste, adora y confía.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *